LA PARADOJA DE LA DISUASIÓN
Si vis Pacem, parabellum, si quieres la paz, prepárate para la guerra.
Esta frase recogida por el autor romano Flavio Vegecio resume el fundamento de
la disuasión como mejor forma de evitar la guerra. En un mundo imperfecto,
dirigido por seres humanos que no dudan en usar la fuerza para alcanzar sus
propósitos; la única forma de evitar ser agredido no es el buenismo, ni el pensamiento
Alicia, ni el miedo a las armas; es la demostración clara y manifiesta de que
una posible agresión contra nosotros no tendrá éxito y saldrá cara a quien la
intente.
Esta idea ha quedado demostrada muchas veces a lo largo de la
historia, siendo la más evidente la misma Guerra Fría, donde el rearme masivo
de ambos bloques, incluyendo las armas nucleares, proporcionó el periodo de paz
más largo de la historia de Europa. La versión contraria, la de renunciar a las
armas invirtiendo en “amor” y “paz”, demostrando buenas intenciones, suele
conducir al abismo, salvo que se combine con la fuerza contenida.
Sin embargo, esta idea no es fácil de entender por el
ciudadano medio, que suele entender que cuando se invierte en armas y en
ejércitos es porque se busca la guerra. Y es que para disuadir no basta con
rearmarse, hay que mostrar determinación a combatir, llegado el caso, y a
asumir los enormes sacrificios de la guerra. Y esa es la gran paradoja de la
disuasión, que para evitar la guerra hay que hacer lo mismo que para prepararse
para ella.
Por otro lado, rearmarse es también escalar en el conflicto.
Cuanto más se prepara uno para la guerra, más será visto como una amenaza por
la otra parte. Por eso las reducciones de armamento se firman en acuerdos
internacionales, como se hizo al terminar la Guerra Fría.
Europa necesita rearmarse, porque las grandes potencias como
Rusia y China llevan décadas haciéndolo y además Rusia ha demostrado que su
único límite para hacer la guerra es su probabilidad de éxito. También se están
rearmando nuestros vecinos del Sur: tanto Marruecos como Argelia llevan años
incrementando sustancialmente sus capacidades militares. EEUU es cada vez un
aliado menos fiable y los europeos ya no podemos vivir aislados del mundo
gracias a su protección. Llevamos demasiado tiempo descuidando nuestras Fuerzas
Armadas y privándolas de los recursos que necesitan, por no hablar de vender la
idea de que su función no es la guerra, sino las misiones de paz o
humanitarias.
La época de la ilusión sobre un futuro en paz plasmada por
Fukuyama en “El final de la historia” se ha desvanecido totalmente. Ojalá
vuelva en un futuro, pero debemos estar preparados entretanto.
En España hemos pasado mucho tiempo alimentando la idea de
que las guerras no van a volver, de que los ejércitos no sirven ya para eso y
de que se deben gastar los recursos del Estado en ser felices. Lógicamente va a
ser muy difícil ahora el hacer ver que el mundo no es un lugar seguro, que
nuestra burbuja de cristal puede romperse y que tenemos que prepararnos para lo
peor, especialmente si quienes tienen que hacerlo, llevan mucho tiempo diciendo
lo contrario.