viernes, 19 de diciembre de 2025

 

LA PARADOJA DE LA DISUASIÓN

Si vis Pacem, parabellum, si quieres la paz, prepárate para la guerra. Esta frase recogida por el autor romano Flavio Vegecio resume el fundamento de la disuasión como mejor forma de evitar la guerra. En un mundo imperfecto, dirigido por seres humanos que no dudan en usar la fuerza para alcanzar sus propósitos; la única forma de evitar ser agredido no es el buenismo, ni el pensamiento Alicia, ni el miedo a las armas; es la demostración clara y manifiesta de que una posible agresión contra nosotros no tendrá éxito y saldrá cara a quien la intente.

Esta idea ha quedado demostrada muchas veces a lo largo de la historia, siendo la más evidente la misma Guerra Fría, donde el rearme masivo de ambos bloques, incluyendo las armas nucleares, proporcionó el periodo de paz más largo de la historia de Europa. La versión contraria, la de renunciar a las armas invirtiendo en “amor” y “paz”, demostrando buenas intenciones, suele conducir al abismo, salvo que se combine con la fuerza contenida.

Sin embargo, esta idea no es fácil de entender por el ciudadano medio, que suele entender que cuando se invierte en armas y en ejércitos es porque se busca la guerra. Y es que para disuadir no basta con rearmarse, hay que mostrar determinación a combatir, llegado el caso, y a asumir los enormes sacrificios de la guerra. Y esa es la gran paradoja de la disuasión, que para evitar la guerra hay que hacer lo mismo que para prepararse para ella.

Por otro lado, rearmarse es también escalar en el conflicto. Cuanto más se prepara uno para la guerra, más será visto como una amenaza por la otra parte. Por eso las reducciones de armamento se firman en acuerdos internacionales, como se hizo al terminar la Guerra Fría.

Europa necesita rearmarse, porque las grandes potencias como Rusia y China llevan décadas haciéndolo y además Rusia ha demostrado que su único límite para hacer la guerra es su probabilidad de éxito. También se están rearmando nuestros vecinos del Sur: tanto Marruecos como Argelia llevan años incrementando sustancialmente sus capacidades militares. EEUU es cada vez un aliado menos fiable y los europeos ya no podemos vivir aislados del mundo gracias a su protección. Llevamos demasiado tiempo descuidando nuestras Fuerzas Armadas y privándolas de los recursos que necesitan, por no hablar de vender la idea de que su función no es la guerra, sino las misiones de paz o humanitarias.

La época de la ilusión sobre un futuro en paz plasmada por Fukuyama en “El final de la historia” se ha desvanecido totalmente. Ojalá vuelva en un futuro, pero debemos estar preparados entretanto.

En España hemos pasado mucho tiempo alimentando la idea de que las guerras no van a volver, de que los ejércitos no sirven ya para eso y de que se deben gastar los recursos del Estado en ser felices. Lógicamente va a ser muy difícil ahora el hacer ver que el mundo no es un lugar seguro, que nuestra burbuja de cristal puede romperse y que tenemos que prepararnos para lo peor, especialmente si quienes tienen que hacerlo, llevan mucho tiempo diciendo lo contrario.