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domingo, 29 de octubre de 2023

           EL ATAQUE DE HAMAS Y LA NUEVA YIHAD

Palestina es la tierra prometida del pueblo judío. Allí se desplazó Abraham con su pueblo aproximadamente 1600 años antes del nacimiento de Jesucristo. Los judíos crearon el reino de Israel y vivieron por siglos en él, no sin sufrir invasiones y destierros durante ese tiempo. Los judíos fueron llevados como esclavos a Egipto hasta que Moisés los devolvió a la tierra de Dios. El reino de Israel fue más tarde arrasado por el rey de Babilonia, y volvieron a ser llevados como esclavos a Babilonia. Desde ese momento, fueron dominados por persas, griegos y romanos. De todas esas dominaciones, solo la de los persas, que les permitieron volver a su tierra, dar culto a su Dios y gobernarse así mismos, fue tolerada. Frente a las demás, los judíos se rebelaron con violencia. Contra los romanos, las rebeliones fueron tan incesantes como duras las reacciones de los latinos. La última, bajo Adriano, supuso la destrucción del templo y la expulsión de los judíos de su tierra. Entonces comenzó la diáspora, que repartió a los judíos por toda Europa y el Mediterráneo.

Como muchos otros pueblos de la historia, los judíos, al ser invadidos por otros y anexionados o incorporados a otras naciones, podían haberse disuelto en otras culturas y civilizaciones. Pero los judíos son un pueblo tenaz. Pese a incorporarse e integrarse en muchos Estados durante siglos, siempre mantuvieron su identidad propia y nunca olvidaron la tierra prometida. Lo que mantuvo al pueblo judío vivo y sin territorio propio durante siglos fue su religión.

Palestina nunca ha sido un Estado independiente, ni por tanto ha tenido tampoco una identidad nacional definida. Sus primeras fronteras las marcaron los británicos en acuerdo con los franceses, tras trocear el imperio Otomano y repartirse el territorio de Oriente entre mandatos coloniales franceses o británicos. Pero la población de Palestina desde la invasión árabe en el siglo VIII ha sido mayoritariamente musulmana y árabe, con el inciso de los reinos cruzados en los siglos XI y XIII. La religión musulmana es el sello de identidad de la población árabe palestina, del mismo modo que la judía lo es para Israel.

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, el Holocausto nazi había dejado millones de judíos sin hogar. Los judíos decidieron emigrar masivamente a Palestina, la tierra prometida, donde ya había bastantes de los suyos, que habían ido emigrado décadas antes. Los judíos y los árabes convivían pacíficamente en Palestina, bajo mandato británico. Ni unos ni otros tenían Estado propio, pero ambos estaban expectantes para crearlo en cuanto se marcharan los de la Gran Bretaña. En 1948, el Reino Unido decide abandonar la colonia poniendo fin al mandato. No hubo trasmisión de soberanía ni poder a ningún nuevo Estado. No hubo proceso político de transición, ni negociación. Los ingleses se marcharon dejando a judíos y árabes enfrentados por la misma tierra. Los judíos proclaman el Estado de Israel y solicitan el reconocimiento de la ONU. Las Naciones Unidas por mayoría estrecha reconocieron el Estado de Israel, con la abstención de Gran Bretaña, que seguramente seguía en la idea de que su antigua colonia ya no era su problema. Casi de manera inmediata los palestinos abandonaron sus hogares, cogieron las armas y se lanzaron contra los judíos y su nuevo Estado. La destrucción de Israel se convirtió en su único objetivo. Pero los judíos estaban preparados y los palestinos fracasaron.

Los palestinos se desplazaron a la zona periférica, rodeando a Israel. Desde entonces, con el apoyo de los Estados árabes: Egipto, Jordania, Irak y Siria; trataron mediante la guerra, una y otra vez, de acabar con Israel. Tras el intento fallido en 1948, llegaron más. En 1956, Israel despachó a Egipto, en 1967 a Egipto, Jordania y Siria en seis días. En 1973, con la Guerra del Yon Kippur, Israel volvió a derrotar a sus vecinos egipcios y sirios. Y así, el objetivo de destruir Israel por la fuerza permanece como un objetivo fracasado una y otra vez. A medida que los Estados árabes van abandonando la idea de usar la guerra convencional como la manera de destruir a Israel, los árabes palestinos van incrementando su acción terrorista. En 1987 se proclama la primera intifada, o rebelión civil de los palestinos contra Israel, en principio realizada con piedras en las calles. Algunos palestinos se fueron desplazando de Jordania a Líbano, desde donde continuaron sus ataques a Israel. Esto provocará la extensión del conflicto al Líbano que es invadido por los judíos en 1982, trasladando al país de los cedros una crisis interna que dura hasta hoy. La conclusión es que después de cuarenta años de intentos árabes de destruir Israel, Israel es cada vez más fuerte, ha ganado territorio y los palestinos se quedaron sin territorio donde constituir su Estado.

En 1991, por primera vez, los palestinos aceptan sentarse a negociar con Israel en la Conferencia de paz de Madrid, por iniciativa de EEUU y con la mediación de España, país entonces muy bien situado por sus buenas relaciones con las dos partes y su liderazgo internacional. Mire el lector como ha evolucionado la posición de España, que hoy no está presente en ninguna de las conferencias internacionales. 

Pero volvamos al proceso de paz. La conferencia de Madrid sentó las bases de los acuerdos de Oslo, que duraron años y permitieron establecer un marco pacífico para la resolución del conflicto liderado por Arafat, autoridad indiscutible de los palestinos (ANP), e Isaac Rabin,  primer ministro de Israel. El acuerdo se sentaba en la base de que Israel abandonaría el control de Gaza y Cisjordania, territorios sobre los que Jordania tenía soberanía, y que de la mano del rey Hussein había renunciado a ella. Palestina renunciaría a la violencia, y a cambio, Israel favorecería la creación del Estado Palestino en esos territorios. Por primera vez, ambas partes entendían que la violencia no resolvía el conflicto, y particularmente, Arafat y su movimiento Al Fatah entendieron que destruir a Israel no era un objetivo alcanzable.

Pero el acuerdo era frágil, tenía flecos. Palestina tenía que ver aseguradas sus fronteras, necesitaba parte del escaso agua de la zona y no renunciaba a la ciudad Santa de Jerusalén, como mínimo a compartirla, como así había sido de facto en 1948. Los israelíes también tenían dudas sobre los acuerdos: los palestinos habían crecido exponencialmente a pesar de su miseria, no terminaban de renunciar a actos violentos, y según sus enemigos, los usaban como arma de presión en las negociaciones. Los israelíes más extremistas pensaban que se estaba cediendo demasiado y eran partidarios de seguir expandiéndose en Cisjordania, estableciendo nuevas colonias. Isaac Rabin fue asesinado por extremistas judíos y el proceso de paz se estancó. Las acciones violentas volvieron. Arafat también estaba siendo presionado por sectores palestinos más radicales, que aún aspiraban a destruir a Israel y al regreso de todos los refugiados a sus casas.

En el año 2000, se retoman las conversaciones en Camp David con el primer ministro israelí Barak y Yaser Arafat bajo la intervención del presidente Clinton. Las concesiones israelíes fueron más generosas esta vez, estando dispuesta a ceder hasta el 91-95% del territorio de Gaza y Cisjordania, con la salvedad de mantener algunos asentamientos judíos en el territorio. Arafat rechazó la oferta, las elecciones cambiaron el gobierno de Israel siendo elegido Ariel Sharon, quien en su visita a la explanada de las mezquitas provocó la segunda intifada. La violencia resurgió con fuerza en la zona.

Desde entonces, y pese a los pasos atrás y la violencia que no cesa, las conversaciones entre ambas partes han continuado. La muerte de Arafat y su sustitución por Abu Mazen al frente de la ANP, parecía facilitar una salida negociada, pero los avances eran lentos, frecuentemente interrumpidos por ataques violentos palestinos y subsiguientes contrataques de Israel. Mientras, la repoblación judía en Cisjordania también ha seguido, dificultando las posibilidades de un acuerdo. En 2006 se celebran elecciones presidenciales y legislativas en Gaza y Cisjordania siendo elegido Abu Mazen como presidente, pero dando a Hamas la victoria en Gaza. Desde entonces las dos facciones palestinas están enfrentadas y no se han vuelto a celebrar elecciones en los territorios ocupados. Hamas es un grupo terrorista cuyas aspiraciones son la destrucción de Israel y el retorno de los palestinos. Israel no mantiene negociaciones con este grupo, que también es considerado terrorista para la UE y los EEUU. En 2008, y como respuesta al lanzamiento de cohetes desde la franja de Gaza, Israel lanzó un ataque sobre Gaza para tratar de desarticular a Hamas. Israel no consiguió su propósito, pero tras conseguir que Hamas admitiese una tregua y dejase de disparar sobre Israel, se retiró de la franja.

 Abu Mazen continúa las conversaciones, pero sus manos están atadas al no tener control sobre Gaza y no poder evitar el uso de la violencia de Hamas. Ambos grupos palestinos se han hecho fuertes en sus territorios y no se relacionan entre sí, estando a punto de enfrentarse por la fuerza en sus inicios, sobre todo cuando Abu Mazen negocia algo con Israel. Israel, por su parte, no negocia nada con Mazen si éste acuerda cualquier cosa con Hamas.

En esta situación de bloqueo, los palestinos se están quedando cada vez más solos. El conflicto ya despierta un gran hartazgo. Los Estados árabes están empezando a reconocer a Israel y éste empieza a aprovechar el paso del tiempo y los hechos consumados para mantener y crecer sus asentamientos en Cisjordania. Hamas no cuenta con apoyo internacional y no puede influir sobre Cisjordania. Su único aliado es Hezbolá, un grupo terrorista libanés de religión Chiíta y apoyado por Irán, que es el único Estado que aún mantiene el discurso de destruir a Israel como objetivo.

Con la reciente ofensiva terrorista Hamas trata de revertir esta tendencia. Primero tiene como objetivo recuperar su iniciativa en la causa palestina frente a la ANP y Abu Mazen. También pretende frenar y recuperar parte del apoyo en otros Estados árabes, y reforzar su planteamiento del conflicto, cada vez menos creíble: el de derrotar a Israel por la fuerza y lograr su destrucción. Para lograrlo, necesita que Israel emplee la fuerza, y de este modo la violencia volverá a estar justificada. Cuantas más víctimas civiles palestinas haya, mejor para la estrategia de Hamas. Mientras la violencia se mantenga, la posición de Abu Mazen en Cisjordania se debilita, mientras mueren los palestinos en Gaza, la ANP tendrá imposible negociar nada con Israel y el planteamiento pacífico se desprestigia. También, internacionalmente, los Estados árabes se verán obligados a denunciar la invasión israelí y no podrán acercar posturas con Israel.

También Hamas resucita la causa palestina en Occidente, sobre todo en Europa, donde la izquierda, particularmente, siempre ha simpatizado con la causa palestina. La UE es, además, el principal apoyo financiero y humanitario de los palestinos. No olvidemos que Hamas, pese a lanzar sus ataques como una yihad o guerra santa, se ha cuidado mucho siempre de no vincularse a la yihad global que defienden otros grupos como Al Qaeda o el ISIS, de no considerar a los europeos como objetivos, ni siquiera a los norteamericanos. Sin embargo, la excesiva violencia de los ataques esta vez, con la difusión de imágenes brutales a todo el mundo, ha impedido que Hamas logre el apoyo que la causa palestina ha logrado otras veces en Occidente.

Israel, después de un ataque tan salvaje como traumático, no puede permanecer impasible. La invasión de Gaza ya no es un asunto discutible. Si Israel logra desarticular a Hamas y conseguir que en Gaza se reestablezca otra autoridad, el éxito estará asegurado y la violencia cesará. Pero si fracasa en su ofensiva, el conflicto entrará en una escalada sin fin, volviendo a épocas pretéritas.

La posibilidad de que el conflicto se extienda a otras zonas parece, de momento, poco probable. La más peligrosa de las opciones: la intervención de Irán, está siendo contenida y disuadida por un despliegue militar de EEUU en la zona. En Líbano, donde 500 soldados españoles permanecen en alerta, Hezbolá ha lanzado algunos cohetes sobre Israel, pero no parece que tenga capacidad para mucho más, en una frontera sellada y vigilada por un contingente militar internacional y un despliegue militar israelí que vigila permanentemente. No obstante, habrá que estar atento a esta amenaza.

CIjordania, mientras Abu Mazen mantenga el control, no moverá un dedo para atacar a Israel. Aunque no pueda confesarlo públicamente, la destrucción de Hamas es el mejor regalo para la ANP, que podría recuperar el control de Gaza y defender en solitario la posición palestina.

Y mientras tanto, un efecto colateral: nadie habla ya de la Guerra de Ucrania ni de Putin. Ni de otras muchas cosas…

 

 

 

sábado, 5 de noviembre de 2022

EL COLAPSO DE PUTIN


Se dice que la primera víctima de la guerra es la verdad. Y es por eso que debemos tomar con mucha cautela toda la información que nos llega del frente.  Aún más cuándo bebemos sobre todo de fuentes de un solo bando, porque eso es lo que está pasando, que nuestros medios de comunicación apenas trasmiten fuentes rusas, que por otra parte son pura propaganda e información no fiable ni contrastable. Pero las fuentes ucranianas o de países de la OTAN también son propaganda, aunque mucho más controlada. La diferencia entre la opinión pública de un Estado totalitario, como es Rusia, aunque no se reconozca siempre como tal, y un Estado democrático, es que la libertad de expresión y la libertad de prensa limitan la propaganda gubernamental. Como ejemplo tenemos la guerra de Vietnam, y más recientemente la de Irak, donde los medios de comunicación de EEUU y la oposición política rompen con el discurso oficial y buscan sus propias fuentes y su propio discurso. Hemos visto lo que ha pasado en Rusia en un informativo de televisión, además de otras acciones contra periodistas que se creyeron independientes; hemos visto las detenciones masivas en manifestaciones contra la guerra, todas ellas declaradas ilegales por las autoridades. E incluso hemos visto muertes de personajes públicos en extrañas condiciones, personajes que se manifestaron contra la política del Kremlin. La propaganda en Rusia, no es solo propaganda, es además desinformación.

La visión del conflicto por parte de la población en Rusia no puede ser la misma, forzosamente, que la que tenemos en Occidente. Yo diría que la que tenemos en el resto del mundo. Porque a los rusos se les niega el acceso a la información que sea incómoda para el Gobierno. Sin embargo, hay hechos que sobreviven a la propaganda y a la desinformación. Hay hechos que no se pueden esconder. Los soldados rusos escriben a sus familias, las bajas se multiplican y sus familiares conocen el daño que está causando la guerra. Los detenidos son miles, y no pueden estar eternamente en aislamiento. Los propios mandos militares rusos están siendo relevados, o mejor dicho purgados. Los opositores son encarcelados. Son hechos que se pueden minimizar, pero no esconder.

La situación para la población en Rusia se ha deteriorado como consecuencia de la guerra y de las sanciones, algo que tampoco puede ocultarse. Quizá funcione por algún tiempo la estrategia de acusar a Occidente de todos los males, pero esa estrategia no funcionará por mucho tiempo si la situación bélica no mejora para Rusia. Pero el último síntoma de preocupación, el más grave, es el reclutamiento masivo de jóvenes rusos para sostener el Ejército en el frente. Son miles de personas afectadas, probablemente cientos de miles, y casi ninguno de ellos hubiera ido voluntariamente a luchar en Ucrania. Los síntomas de que algo no va bien en la guerra de Putin son evidentes, incluso para el pueblo ruso.

Es indudable que la pérdida de popularidad de Putin y el cada vez menor apoyo a su guerra no es suficiente para provocar un cambio de rumbo político en el país, ni siquiera para cambiar el curso de la guerra. Pero no cabe duda de que es una seria advertencia de que las cosas se están torciendo a buen ritmo para el presidente ruso. En otro artículo recordé las guerras que en los últimos siglos ha llevado Rusia fuera de su territorio y su resultado. Y comprobamos cómo la derrota y la revolución eran la consecuencia más inmediata y frecuente. En ninguna de esas guerras anteriores Rusia tenía un régimen democrático, ni permitía la libertad de prensa o de expresión. Y eso, no obstante, no fue óbice para que se desataran esas consecuencias.

La guerra está marcando una clara tendencia de severa derrota para Rusia. Desde hace tres meses los rusos han perdido la iniciativa. Su última ofensiva en el Donbass se quedó a medio camino, sin lograr la anexión completa del territorio de Donetsk. En cambio, la ofensiva ucraniana en Jarkov resultó un éxito completo, con un avance territorial inimaginable tan solo unos meses antes. Los rusos fallaron primero en su pretensión de una anexión rápida y de pocas bajas, después fracasaron en su intento de tomar la capital, Kiev, con notables pérdidas. También fracasó su avance sobre Jarkov. Su cambio de estrategia, centrando la ofensiva en el Donbass, sólo logro algunos avances al principio, también a costa de cuantiosas bajas y de sembrar mucha destrucción en el camino. Ahora Rusia está noqueada. Ucrania se aproxima peligrosamente a Kherson, primera ciudad importante que conquistaron los rusos en su primera ofensiva, y enclave estratégico para proteger Crimea y asegurar su unión con el Donbass ruso.

Las noticias que llegan de Kherson son extremadamente preocupantes: la población huye y los rusos saquean todo lo que encuentran. La entrada del Ejército ucraniano podría ser inminente. La caída de Kherson supondría una catástrofe militar mayor aún que la ofensiva de Jarkov. Rusia perdería todo su territorio a la izquierda del Dnieper y Crimea quedaría amenazada. El ataque al puente de Kerch supuso un triunfo psicológico y estratégico importante de Ucrania, ya que el puente es la única vía terrestre de suministro a la isla si los ucranianos consiguen aislar el Istmo en su avance desde el Dnieper.

Los ataques rusos con misiles sobre instalaciones eléctricas en Ucrania, y sobre otros objetivos civiles, denotan un intento de llevar la guerra a otro frente distinto del estrictamente militar, donde Rusia probablemente se siente impotente. Ucrania ha respondido con ataques en suelo ruso, probablemente con la idea de demostrar a su enemigo sus propias capacidades. Pero es improbable que estos ataques aislados se consoliden como una línea estratégica de Ucrania, ya que eso supondría llevar la guerra exactamente a donde Rusia quiere, sacándola del frente de batalla. Ucrania no puede malgastar sus recursos en operaciones revanchistas, que además minarían su posición en el conflicto desde un punto de vista de legitimidad y superioridad moral.

La tendencia es bastante clara e indica un evidente agotamiento del esfuerzo militar ruso y una notable mejoría de las capacidades militares de Ucrania. Salvo que se produzca un hecho relevante que la modifique, esta tendencia va a continuar e incrementarse, y llevará inevitablemente al colapso de Rusia en la guerra. Las razones son muy visibles: Ucrania tiene desde el principio del conflicto a toda la población movilizada, y muy motivada para defender su tierra y su modo de vida. Su armamento y equipo militar está siendo suministrado desde fuera, por las industrias de defensa más potentes del planeta y por las naciones de la OTAN, encabezadas por EEUU. El apoyo no es solo en armamento, también en inteligencia y asesoramiento militar. Y la instrucción y el adiestramiento de los militares ucranianos, pobre al principio de la guerra, está incrementándose a pasos agigantados. Mientras tanto Rusia ha perdido a sus mejores hombres y ha dejado el Ejército en manos de reclutas sin experiencia. Su armamento se está acabando y la capacidad de su industria está muy limitada por las sanciones. El hecho de que una potencia militar de la entidad de Rusia esté recurriendo a Irán para suministrarse, es muy significativo. Y es que Rusia no está luchando solo contra Ucrania, está luchando contra la OTAN, la alianza militar más poderosa del mundo en capacidad, doctrina e inteligencia. Pero además esta guerra es muy cómoda para las naciones aliadas, porque aportan su capacidad bélica en términos de material, doctrina e inteligencia, pero no exponen las vidas de sus soldados, que es el talón de Aquiles de los países occidentales, como se ha visto en Afganistán y otros conflictos similares. El único precio a pagar por luchar contra Rusia es la crisis energética, algo que puede parecer insufrible para los ciudadanos y algunos políticos, pero es un precio mínimo por participar en una guerra.

En estas condiciones es casi imposible que Putin pueda evitar una dolorosa derrota que puede traer consecuencias imprevisibles en Rusia. Quizá le pueda salvar el miedo de EEUU a que Rusia quede en una situación peligrosa de inestabilidad e incertidumbre. Una situación similar a la que salvó a Sadam Hussein en 1991 (aunque luego cayó en 2003) de su caída definitiva. En aquella ocasión, los EEUU no quisieron aventurarse a un peligroso colapso del régimen iraquí, cuando ya se estaban produciendo alzamientos en el Norte y Sur del país. Irónicamente, ese caos que trataron de evitar en 1991, lo provocaron en 2003. A medida que se acerque la derrota de Rusia, veremos si se produce un giro en la política de EEUU, y de Europa desde luego, para tratar de minimizar los daños.

Esa es, ahora mismo, la mayor preocupación de Zelensky y los ucranianos, que agradecen el apoyo de sus aliados, pero miran con recelo cualquier duda o matización en sus discursos. A Ucrania solo le vale la victoria, porque el daño causado por los rusos en su país ha sido enorme, y dejará heridas para varias generaciones. Ucrania no puede ceder ni un ápice en sus aspiraciones, porque cualquier concesión a Rusia sería un injusto premio por tamaña y criminal acción. Los crímenes de guerra que van apareciendo en distintos lugares de Ucrania complican más la posibilidad de un final pactado, aunque sea con una derrota de Rusia por la mínima. Ya no será solo Ucrania, las ONG´s defensoras de los Derechos Humanos, el tribunal penal de La Haya, los medios de comunicación occidentales, y la opinión pública pueden ser obstáculos a ese final pactado. Igual que con Hitler en la Segunda Guerra Mundial, con Putin solo cabe la derrota sin condiciones, y de eso se van a encargar Zelensky y muchos de sus apoyos internacionales.

Hay otro factor que intentará jugar Putin, como ya lo ha venido haciendo hasta ahora, con el que intenta evitar una derrota total. Y ese factor es la amenaza de las armas nucleares en cualquiera de sus opciones posibles: presuntos accidentes nucleares, uso de armas nucleares tácticas o buscar desesperadamente el enfrentamiento nuclear con la OTAN mediante el uso de las armas nucleares estratégicas. Usar cualquiera de estos recursos desesperados nos abre el camino del apocalipsis, sin que nadie pueda salir ganando de esa confrontación. La capacidad de disuasión de esas armas ya se ha demostrado que es inútil ya que, pese a las amenazas de Putin, la OTAN sigue comprometida con Ucrania, y su única limitación es la de intervenir con fuerzas propias, algo que ni siquiera conviene a los Estados miembros. Por tanto, si a Rusia las armas no le sirven para disuadir, solo queda averiguar si estará dispuesta a emplearlas efectivamente, aún a costa de sufrir las consecuencias de ello. A medida que la derrota rusa se vaya haciendo más evidente, y los riesgos de una convulsión interna en el país aumenten, el riesgo de uso de armas nucleares también aumentará. Si se van a emplear finalmente o no, es algo que solo Putin sabe. O tal vez ni siquiera él.

 

 

 

 

miércoles, 25 de mayo de 2022

CUANDO RUSIA ATACA...

Es bien conocido que la conquista militar de Rusia es una empresa hercúlea. Lo aprendieron bien Hitler y Napoleón, que lo intentaron, y que concluyeron en sonados desastres militares. Sin embargo, menos conocido es el hecho de las campañas militares de Rusia fuera de sus fronteras. Es decir, que es lo que ha sucedido cuando Rusia ha iniciado una guerra de ocupación fuera de su territorio. Si repasamos todas las guerras que Rusia o la URSS emprendió fuera de su territorio, en los siglos XIX y XX, tenemos:

Las primeras campañas contra Napoleón, Rusia se alía con otras naciones para frenar el poder de Napoleón en la Tercera coalición, que finaliza con la derrota de los rusos y austríacos en Austerlitz (1805). De nuevo Rusia se alía con otras potencias europeas para frenar la ambición del emperador francés en la Cuarta coalición. Los rusos vuelven a ser derrotados en Fiedland y obligados a formar la paz de Tilsit (1807). Este acuerdo de paz no durará mucho porque Napoleón invade Rusia en 1812, sufriendo su peor derrota y la pérdida de la mayor parte de su ejército.

La guerra de Crimea (1853-1856). Aprovechando la debilidad de su histórico rival, el imperio otomano, el zar Nicolás I emprendió una guerra de conquista en el Danubio y en el Caúcaso. El temor a un desplome del Imperio otomano hizo que entraran en el conflicto las potencias europeas Francia y Gran Bretaña, que desembarcaron en la península de Crimea. La guerra se prolongó y produjo numerosas bajas, finalizando con una derrota rusa que vio a sus enemigos ocupar Sebastopol. El tratado de paz coincidió con la muerte del zar y la llegada al poder de Alejandro II que vio en el atraso del país, la causa de la derrota. En consecuencia, inició una autentica revolución político u social: abolió la servidumbre, reformó la legislación penal, la administración y el Ejército. Rusia inició una convulsión social que puso en jaque a todas las instituciones.

La guerra ruso-turca de 1877. Las rebeliones eslavas contras los musulmanes en los Balcanes dieron a Rusia la oportunidad de intervenir de nuevo contra el Imperio Otomano y aumentar su influencia en Europa del Este. El zar Alejandro II, con un Ejército más moderno y preparado que en la guerra de Crimea, tuvo un gran éxito en sus campañas iniciales llegando a amenazar Estambul en 1878. Pero la flota británica acudió de nuevo al rescate de los otomanos y obligó al zar a una forzada negociación de paz. Las aspiraciones rusas se quedaron a medio camino. Los grupos revolucionarios intensificaron sus acciones contra el zar que sufrió tres atentados fallidos contra su persona, hasta el que le costó la vida en 1881.

La guerra contra Japón en Manchuria (1905). Las aspiraciones rusas de abrir un puerto con salida al Pacífico chocaron con el imperialismo japonés en Manchuria. Los japoneses derrotaron y humillaron a los rusos por tierra y por mar, provocando una gran indignación en el país. La dura situación de las clases más desfavorecidas provocó una revolución social por todo el país, que pese a la dura represión inicial, no pudo ser controlada. EL zar tuvo que aceptar la creación de la Duma, el primer parlamento democrático, y otras concesiones.

La Primera Guerra Mundial contra Alemania, el Imperio Otomano y Austria-Hungría (1914-1917). La delicada situación que vivía Rusia, en lo social y económico, se agravó con la entrada del país en la Primera Guerra Mundial. El ejército ruso no logró derrotar a los alemanes ni al resto de sus enemigos, y se enfrascó en un desgaste que provocó efectos devastadores en la población. En esta situación se produjo la revolución de febrero de 1917, que inició la democratización del país, pero los bolcheviques se rebelaron de nuevo en octubre del mismo año, aprovechando que el gobierno provisional no ponía fin a la guerra. Tras firmar la paz con Alemania, la nueva Rusia se vio inmersa en una guerra civil que duró hasta 1921.

La guerra de invierno contra Finlandia (1940). Aprovechando la tranquilidad que le daba el pacto de no agresión con la Alemania de Hitler y la declaración de guerra de Francia e Inglaterra a ésta, Stalin ordena la ocupación de Finlandia, que se negaba a las exigencias soviéticas de anexión. El ejército rojo invadió el país vecino en pleno invierno, pero infravaloró a su oponente y sufrió una derrota muy dolorosa con numerosas bajas. A pesar de los escasos logros alcanzados por los soviéticos, Finlandia le cedió partes de su territorio para alcanzar la paz.

La ocupación de Afganistán. Con la URSS establecida como superpotencia mundial, heredera de la Rusia zarista, y líder del pacto de Varsovia, se emprendió la expansión del comunismo en el mundo. Para competir con los EEUU, la URSS favoreció regímenes afines en distintas zonas del mundo, pero, justo en sus fronteras, en Afganistán, invadió el país para tratar de sostener el régimen establecido en diciembre de 1979. La guerra de Afganistán supuso un enorme desgaste para la URSS, que acabo produciendo un desastre económico y supuso la reforma del sistema político por parte del líder Gorbachov, que ordenó la retirada en 1989. Lo que Gorbachov no previó fue el colapso de la URSS, su desintegración dé distintas repúblicas y el final del sistema autoritario basado en el partido comunista.

Como vemos, todas las guerras que Rusia ha iniciado fuera de su territorio en los dos últimos siglos han terminado en una sonora derrota, quizá con la excepción de la guerra de 1877; y la casi totalidad de dichas derrotas han provocado revoluciones más o menos violentas o exitosas en el interior del país.

¿Ocurrirá lo mismo en Ucrania en su guerra del siglo XXI?

lunes, 28 de febrero de 2022

POSIBLES ESCENARIOS TRAS EL CONFLICTO DE UCRANIA

El pasado jueves 24 de febrero las tropas rusas cruzaban la frontera ucraniana en varios puntos, poniendo en marcha una invasión que ha desencadenado el conflicto armado más letal del siglo XXI, con consecuencias aún por determinar. La amenaza que la Rusia de Putin suponía para sus vecinos se ha materializado ahora en una agresión militar a gran escala que ya nadie puede ignorar. Nadie, ni siquiera el analista pro ruso Pedro Baños, podrá vendernos la idea de que la OTAN es una amenaza para Rusia y que las exigencias de Putin están justificadas. Occidente, después de un largo tiempo de letargo, se ha despertado con el estallido de las bombas sobre Kiev y la enconada resistencia de los ucranianos.  Después de cuatro días de intensos combates en varios lugares de Ucrania, estamos en disposición de afirmar que estamos ante un punto de inflexión en el escenario internacional, tan importante o más que el 11S y quizá que la caída del muro de Berlín.

El mundo entero se agita ansioso ante una guerra que, sin duda, va a cambiar el mundo; y la incertidumbre que genera está provocando una enorme inquietud. La amenaza rusa parece extenderse a otros países, y Europa, al fin, parece estar tomando medidas serias para castigar económicamente a Putin y aislar a Rusia, mientras se esfuerza en suministrar armas y ayuda humanitaria a la agredida Ucrania. La OTAN se despliega en los países más próximos, preparando un dispositivo defensivo a modo de cortafuegos de las llamaradas que se vislumbran en los llanos de Ucrania mientras Putin pone en alerta su arsenal nuclear. Pero el cambio de actitud de los europeos, pasando de condenas formales, pero reacciones tibias, a reacciones contundentes y acciones decisivas, ha sido provocado por el heroísmo ucraniano que, contra todo pronóstico, mantiene en jaque a un Ejército muy superior en número y en armamento. Estos héroes que salen en nuestras pantallas de televisión, que se asoman a las redes sociales, contagian valor y entusiasmo e inflaman las almas libres de Occidente de indignación y determinación. Zelensky, liderando a los suyos, ha conmovido al mundo libre y ha removido las conciencias de los ciudadanos europeos y de sus líderes.

Pero la superioridad militar rusa es un hecho, y la lógica bélica dice que el mayor potencial del agresor acabara por imponerse. Sin embargo, los frentes de esta guerra no se ganan solo con más aviones, más misiles y más blindados. El aislamiento de Rusia producirá un enorme daño económico y también social, que será visible mucho antes de lo previsto, y que puede alimentar un movimiento antigubernamental que ya está en las calles de todas las ciudades rusas, y que puede acabar en un estallido social, como sucedió en 1905 y en 1917. Las bajas rusas, aunque desconocidas, se estiman ya en miles, destrozando el plan triunfal de Putin de lograr la capitulación de Kiev tan limpiamente como logró la anexión de Crimea en 2014.

Con este escenario, que nadie hubiera previsto hace tan solo una semana, se abren diversas posibilidades de desenlace, que pasan desde el más favorable a Occidente y más desastroso para el dictador ruso, al más favorable para Putin y por tanto más peligroso para la civilización occidental, o lo que es lo mismo para el mundo libre, porque lo que se está luchando en Ucrania no es otra cosa que la guerra entre las naciones libres y los regímenes autoritarios, que usan la Fuerza como instrumento para doblegar tanto a los ciudadanos como a los Estados que se interponen en sus intereses.

En el segundo de los supuestos, el conflicto, que no ha comenzado demasiado bien para Rusia, cambia de curso rápidamente y se produce el colapso de la resistencia ucraniana. En este escenario, los rusos se apoderarían de Kiev, Kharkov y la mayoría de las ciudades del país derrumbándose la oposición armada. El gobierno ucraniano caería en manos rusas o se vería obligado a firmar una capitulación, prácticamente sin condiciones. Rusia seguiría aislada internacionalmente y sufriendo las consecuencias económicas de las sanciones, pero se abriría a negociaciones, también a nivel internacional, que debilitarían el sostenimiento de las mismas. Los hechos consumados acabarían imponiéndose, y Ucrania quedaría en la órbita rusa con un gobierno satélite y con su territorio amputado. Georgia proclamaría su renuncia a entrar en la OTAN, y quizá reconocería la independencia de las provincias controladas por Rusia.

En el primer supuesto, la guerra se hace insoportable para los rusos: la resistencia no cesa y las bajas rusas se siguen multiplicando. Las sanciones económicas arruinan los negocios de la aristocracia rusa que, unida a la indignación social por el creciente número de muertos, intentaría un cambio de curso en la situación provocando la caía del régimen de Putin y una retirada de tropas del país vecino. Rusia podría abrirse a un proceso de democratización y a una negociación con los EEUU y Europa para abrirse al mundo libre y recuperar su desarrollo económico.

La realidad futura estará en un escenario situado entre los dos supuestos, pero analizando la situación podemos ver a cuál de ellos se va a acercar más. Lo primero que podemos considerar es que, pase lo que pase en Ucrania a partir de ahora, Rusia ya ha fracasado en su objetivo de hacer claudicar a su vecino a un coste mínimo de vidas y de pérdidas económicas. No cabe duda que eso es lo que Putin pretendía, y eso explica porque sus amenazas no han parado de subir de tono mientras acepta negociar con un gobierno al que, hasta hace unas horas, consideraba ilegítimo de drogadictos y neonazis. El alto número de bajas sufridas por los rusos en Ucrania no es algo que se vaya a poder esconder, y el daño que va a producir en muchas familias y poblaciones rusas no es ya evitable. Tampoco va a ser nada fácil lograr a corto plazo que las duras sanciones contra Rusia se paren y se vuelva a la situación anterior a la guerra, ya que la sensación de amenaza permanece y ya no es solo Ucrania el motivo de las mismas, sino la percepción, bastante atinada por cierto, de que el siguiente puede ser cualquier otro. Con todo este escenario, es muy difícil que Putin pueda vender su operación militar como una victoria, aún en el caso de que Ucrania capitule en unos días. Las imágenes de Putin caricaturizado como Hitler alrededor del mundo y los miles de muertos en la guerra están en la retina de millones de personas y no se van a ir ya de la memoria colectiva.

Con todo, si Putin aguanta el malestar interno que se va a generar en su país y logra que la guerra termine pronto, volveremos al escenario de la guerra fría, pero con una Rusia mucho más debilitada que la antigua URSS. La dura situación económica que va a sufrir el país, lo arrojará probablemente en manos de China, única potencia con capacidad e intención de soportarla. Al mismo tiempo, la ilusión democrática de Rusia desaparecerá del todo, como ya nos ha adelantado el ex presidente Medvedev con la reinstauración de la pena de muerte y una fuerte represión interna, así como un control total sobre los medios de comunicación e Internet. La tensión en Europa aumentará, y la OTAN se rearmará y desplegará masivamente en los países del Este, de forma, ya, definitiva. ¿Cuánto tiempo duraría esta situación? Eso es más difícil de determinar, pero sino se produce la caía de Putin es al escenario hacia el que vamos.


miércoles, 2 de febrero de 2022

DESPUÉS DE AFGANISTÁN, UCRANIA


Las imágenes de satélite tomadas por EEUU han descubierto al mundo el preocupante hecho del enorme despliegue militar ruso, alrededor de 100.000 soldados, en la frontera ucraniana. La razón de tal despliegue, muy costoso en términos económicos, y en términos políticos sino se alcanzan los objetivos pretendidos, no puede ser otro que lograr la sumisión del Estado vecino, bien por cesión ante la amenaza de una invasión o como consecuencia de la invasión misma. No sabemos con exactitud cuales los objetivos pretendidos por el Kremlin, pero dada la magnitud del despliegue, ha de entenderse como un cambio radical en la dinámica política y de seguridad en Europa, es decir utilizar la sumisión de Ucrania como aviso al resto de Estados vecinos.

No es la primera vez que Rusia usa la fuerza para evitar la deriva occidentalista de las repúblicas exsoviéticas que limitan con ella. En 2008, Rusia invadió dos provincias de mayoría de etnia rusa en Georgia, y aún hoy permanecen bajo su control. Asimismo, en 2014, Rusia, tras la revolución naranja en Ucrania, se anexionó Crimea, prácticamente sin lucha, y armó a los rebeldes prorrusos de las zonas de Lugansk y Donetsk que se separaron de Ucrania consiguiendo mantenerse fuera del control del gobierno de Kiev. Sin embargo, en esta ocasión, la entidad de las fuerzas movilizadas no indica una acción local o híbrida sino una operación militar de gran calibre. El discurso del gobierno de Putin niega cualquier intención agresora, pero insiste en que no permitirá que continúe la expansión de la OTAN hacia el Este. Y es que, pese a las amenazas y los ataques rusos del pasado, tanto Ucrania como Georgia se han reafirmado cada vez más en su propósito de unirse a la OTAN y a la UE y de buscar el apoyo occidental para garantizar su seguridad.

Así que todo parece indicar que, salvo que la disuasión de EEUU o de la OTAN sea realmente efectiva, los rusos no van a cejar en su empeño y están dispuestos a usar la fuerza para conseguir sus propósitos. Cualquier observador se preguntará porque ahora, cuando la situación en Ucrania no ha variado mucho desde que se firmaron los acuerdos de Minsk en 2015, acuerdos que sirvieron mantener una tregua en las provincias en disputa. La clave del cuando parece estar en la percepción rusa de que la OTAN atraviesa un momento de debilidad. Y es que la percepción de debilidad parece atinada. Por un lado, EEUU está priorizando el área Asia-Pacífico en su política de seguridad, manteniendo un despliegue naval cerca de Taiwán, país que se siente amenazado por la otra gran autocracia del Planeta: la República Popular China. Además, la sociedad norteamericana se encuentra en crisis y muy dividida, como se pudo comprobar en las últimas elecciones y desde la Casablanca se ha afirmado varias veces que no se plantea una respuesta militar en Ucrania, si bien esa postura se viene matizando las últimas semanas. Por otro lado, Europa se encuentra desunida. Alemania está más cerca de la postura rusa, tras la construcción del gasoducto en el Báltico, y el nuevo Gobierno de coalición está divido sobre la política de seguridad. Francia no siente la amenaza rusa como muy cercana, a diferencia de los antiguos miembros del pacto de Varsovia y las repúblicas exsoviéticas, lo mismo que sucede en Italia y en España donde los socios del gobierno de coalición se pelean por atribuirse el cartel del “No a la guerra”. Incluso Hungría, pese a ser uno de los antiguos miembros del pacto de Varsovia, advierte que no ayudará a Ucrania por el maltrato que según el gobierno húngaro recibe la minoría de este país en el territorio de su vecino. Solamente el Reino Unido parece más determinado y consciente del peligro de una agresión rusa a Ucrania. Curioso, por cierto, el doble rasero de aquellos impulsores del “No a la guerra” en España, que se manifestaron enardecidos contra EEUU en la crisis de Irak de 2003, pero que, en el momento actual, en lugar de manifestarse contra el posible atacante, lo hacen contra aquellos que pretendan defender al atacado. Sin tanto entusiasmo como entonces, eso sí.

Pero lo más significativo es, sin duda, la percepción de que la OTAN como alianza militar está demostrando ser mucho más débil e inoperante de lo que aparenta, siendo la reciente retirada de Afganistán la mejor prueba de ello. Y es los países miembros decidieron abandonar la misión porque no estaban dispuestos a asumir bajas ni costes en un escenario que veían lejano y ajeno. ¿Es Ucrania un escenario ajeno y lejano? Para algunos países de la alianza es evidente que no, pero también parece claro que, para otros, sí que lo es.

Vista la situación actual, podemos concluir que, efectivamente, la percepción de debilidad en Occidente y particularmente en la OTAN por parte de Rusia, responde a la realidad. Y esto me lleva a establecer un paralelismo histórico muy interesante con las ambiciones territoriales de Alemania tras la llegada de Hitler al poder.

En octubre de 1938 Alemania ocupaba los Sudetes, territorio de mayoría germana, pero perteneciente a Checoeslovaquia. La ocupación, pese a la protesta del Gobierno de Checoeslovaquia, fue pacífica. Francia y Gran Bretaña habían acordado en Múnich ceder a Hitler en su reivindicación para evitar una guerra, y accedieron a modificar el tratado de Versalles. El primer ministro británico, Neville Chamberlain fue recibido como un héroe de la paz, cuando regresó a su país. En Francia, la posición de Daladier era aún más complicada por las campañas de los partidos de izquierda contra cualquier intento de meter al país en otra guerra. Sin embargo, Hitler solo tardó cinco meses en incumplir el tratado y anexionarse el resto de Checoeslovaquia convirtiéndolo en un protectorado. Tampoco en esta ocasión hubo resistencia armada, tanto los checos como sus aliados occidentales querían evitar una guerra. No fue esta la primera claudicación ante la ambición territorial de la Alemania nazi: unos meses antes Austria había sido anexionada al nuevo Reich con el permiso de las potencias occidentales, del mismo modo que había ocupado el Sarre que estaba bajo jurisdicción francesa, sin encontrar oposición. Vista la situación, Hitler entendió que podría anexionarse Europa entera sin que ninguna de las dos naciones más poderosas del continente estuviese dispuestas a combatir para evitarlo. El propio ministro alemán de Exteriores, Joachim Von Ribbentrop, aseguró a su canciller que ni Francia ni Inglaterra harían nada por evitar la anexión de Polonia. En 1939 Hitler exigió la entrega de la ciudad de Dantzig y un pasillo a través de Polonia para unir el territorio de Prusia Oriental con el resto de Alemania. Solo entonces los líderes europeos comprendieron que habían cedido demasiado y que no quedaba otra alternativa que combatir a Hitler o convertirse en sus vasallos. Polonia, a diferencia de Checoeslovaquia y de Austria sí estaba dispuesta a combatir. En lugar de ceder a las exigencias de Hitler levantó un discurso patriótico y se preparó para la guerra. Alemania derrotó a los polacos en dos semanas y se repartió el país con la URSS, con quien había firmado un pacto de alianza, pero Francia e Inglaterra ya estaban en guerra con Alemania y la consecuencia fue una hecatombe mundial. Francia no estaba preparada para enfrentarse a esa guerra que trató de evitar, y el resultado fue una derrota fulgurante y catastrófica. A Inglaterra sólo le salvó, como con Napoleón, la existencia misma del canal de La Mancha, único obstáculo entre los blindados alemanes y la capital británica.

De la conferencia de Munich y sus antecedentes podemos sacar varias conclusiones:

-     No importa cuanto quieras evitar la guerra, si tienes un enemigo dispuesto a usar la fuerza, acabarás entrando en conflicto con él.

-     Cuantas más cesiones hagas a quien se vale de las amenazas para lograr sus propósitos, más fuerte se hará él y más débil tú.

-       Si vas a entrar en conflicto con un adversario por no considerar sus planteamientos inaceptables, mejor que entres antes de que se haga más fuerte.

-          La única forma de parar la ambición de una potencia que emplea las amenazas como forma de alcanzar objetivos políticos, es mostrando determinación a impedirlo desde el primer momento, porque una vez que se cede una vez, ya no parará.

Aunque estas conclusiones son claras, el paralelismo entre la Alemania de Hitler y la Rusia de Putin no es perfecto, hay diferencias y semejanzas, y por tanto debemos establecerlas para no llegar a conclusiones equivocadas.

-      Rusia es una potencia autoritaria, mientras que los países de la OTAN son democráticos. El antagonismo de Alemania frente a Inglaterra y Francia era similar, si bien Putin no tiene el mismo control sobre su población que tenía Hitler.

-       Rusia no ha expresado directamente sus deseos de anexionarse territorio ucraniano, pero sí ha recordado que son naciones hermanas y que son otros los que se empeñan en desunirlas.

-     Rusia tiene muchos partidarios prorrusos en territorio ucraniano, del mismo modo que Hitler contaba con muchos simpatizantes alemanes en los Sudetes y austríacos partidarios del nazismo, ya que el propio Hitler nació en Austria.

-          La postura débil de Inglaterra y Francia en los años 30 se debía al hartazgo que había dejado la primera guerra mundial y una opinión pública que no deseaba volver a la guerra. En los países de la OTAN, sucede lo mismo, lo hemos visto en Afganistán, pero además es que las sociedades occidentales no viven preocupadas por ninguna amenaza militar ya que no han visto una guerra en casi ochenta años.

-    Las anteriores intervenciones y anexiones rusas en Georgia y en Crimea no tuvieron una respuesta occidental, por lo que la percepción de Putin puede ser, como en Polonia en 1939, que Occidente tampoco intervendrá esta vez.

-    A diferencia de los austríacos o los checos, la determinación de los polacos a luchar por su independencia en 1939, muriendo por ello, fue lo que dejaba a Francia e Inglaterra sin posibilidad de quedarse al margen, al dejar patente que no se había podido evitar la guerra. En las anteriores anexiones, ni Ucrania ni Georgia se movilizaron contra Rusia, sino que se limitaron a pedir la ayuda de Occidente. Difícilmente va a venir a ayudarte alguien si tú mismo no estas dispuesto a defenderte tú mismo.

Por tanto, parece claro que la capacidad y determinación de luchar de Ucrania frente a una invasión militar de una potencia militar muy superior es un factor determinante en disuadir a Rusia, así como de implicar a la OTAN. También el apoyo del pueblo a ruso a Putin, en caso de que se decida por la acción militar, es un factor clave, no solo en el momento en que este arranque, sino también si vienen mal dadas y los objetivos no se alcanzan o las bajas resultan inasumibles. Hace unas semanas la noticia de la intervención del Ejército ruso en otra república exsoviética, Kazajstan, pasó casi desapercibida en los medios de comunicación de Occidente. La intervención se produjo por petición del Gobierno de ese país, pero lo interesante del hecho es que los soldados rusos venían a reprimir una revuelta popular que pedía cambios sociales y políticos. ¿Temía Putin un efecto contagio a Rusia? Recordemos que el único líder opositor que realmente preocupa al Kremlin es Alekséi Navalni, político popular de ideas democráticas al que intentaron asesinar envenenándolo y que ahora se encuentra incomunicado en la cárcel. Es frecuente históricamente usar los conflictos externos como aglutinante de la población en torno a sus dirigentes, desviando la atención de los problemas domésticos. El caso de Rusia podría ser este, pero también es una estrategia de alto riesgo. En la historia de Rusia, algunas campañas militares en el exterior que han resultado un fracaso han provocado una revolución social. Así sucedió  en 1905, tras la derrota frente a Japón y en 1917 durante la Primera Guerra Mundial.

No sabemos si Putin pretende realmente conseguir que la OTAN renuncie a su expansión hacia el Este, que es el mensaje que constantemente repiten desde el Kremlin, cuando aquello supone despreciar la soberanía de Estados independientes que deciden su destino; o que esta renuncia la hagan los propios Estados afectados amedrentados por la amenaza militar. Cualquiera de las dos cosas parece poco probable, por lo que o bien Putin intentará alcanzar ese objetivo por la fuerza, o bien su verdadero objetivo es otro y está forzando a la OTAN a negociar, usando estas peticiones como tapadera. Eso no lo sabemos, pero lo que sí sabemos es que un despliegue de esa envergadura no se retira sin más sin pagar un alto precio político. Y no parece probable que Putin no haya calculado bien que objetivos puede alcanzar Rusia sin que la invasión se lleve finalmente a cabo. Según fuentes gubernamentales de Washington y Londres, la invasión es altamente probable e inminente. Dios nos coja confesados.

 

miércoles, 1 de diciembre de 2021

DERROTA OCCIDENTAL EN AFGANISTÁN

      

      La retirada de los EEUU de Afganistán, seguida de una fulgurante caída del régimen y una avalancha de colaboradores afganos intentando escapar del país, otra vez en manos de los talibanes, ha sido como un shock en la opinión pública mundial. El trágico atentado que costó más de cien vidas, incluidas las de trece soldados norteamericanos, no ha hecho más que poner el colofón a un desastre sin paliativo posible.

En estos días se ha escrito mucho sobre la misión y la retirada de Afganistán. Dentro de las diferentes visiones, nadie se ha atrevido a considerar que la decisión política haya sido un acierto, aunque sí hay quien defiende que lo cuestionable ere el cómo y el cuándo, pero no el qué. Sin embargo, los hechos son, como la verdad, tozudos y siempre acaban por revelar aquello que se quiere tratar de esconder.

El 11 de septiembre de 2011, los EEUU fueron golpeados por el peor atentado terrorista de su historia. Los responsables parecían ser los hombres de Al Qaeda, el grupo terrorista de Ben Laden que dirigía su red desde Afganistán. Aquel suceso, que impresionó al mundo, desencadenó la operación militar Libertad Duradera que hizo caer el régimen talibán de Afganistán tras el ataque coordinado de los EEUU con la Alianza del Norte, el grupo armado que mantenía la lucha contra los talibanes. Los americanos buscaban destruir las bases de Al Qaeda en el país y acabar con un régimen que albergaba campos de entrenamiento de terroristas para actuar contra “los enemigos del Islam”. La operación militar fue un éxito rotundo: sin prácticamente bajas en el lado occidental, la infraestructura de Al Qaeda en el país fue destruida y los talibanes fueron desalojados del poder y expulsados del país. Pero una vez derribado el régimen talibán, Afganistán necesitaba un nuevo orden que no supusiese una amenaza para Occidente. Libertad Duradera contó con más apoyo internacional que ninguna otra operación militar de los EEUU, prácticamente ningún país en el mundo se opuso al ataque, con muy escasas excepciones significativas, ya que tras presenciar el brutal atentado del 11S por televisión se entendía la necesidad de esa intervención. Pero también el apoyo internacional venía dado por la identidad del oponente: los talibanes era un grupo religiosos radical que tenían sumido al país en una dictadura sin igual en el planeta, donde las mujeres sobrevivían encarceladas dentro de un burka y donde casi todo estaba prohibido y fuertemente reprimido: desde la música, la televisión, la cultura o la diversión. Junto a la intención de destruir el brutal régimen, se prometía la recuperación de la libertad y los Derechos Humanos en el país.

El proyecto para la recuperación de Afganistán resultó ser una tarea hercúlea. Por un lado, la percepción de Afganistán como Estado es muy escasa entre sus propios habitantes. La vinculación a la etnia, al clan o la tribu es mucho más fuerte, y a menudo las relaciones entre éstos son difíciles cuando no hostiles. Además, el nivel cultural de la población era bajísimo con un elevado número de analfabetos, incluso para un país de su entorno. Por otro lado, el territorio es muy abrupto y las infraestructuras casi inexistentes. No había carreteras asfaltadas ni mucho menos ferrocarril o otras conexiones medianamente rápidas entre las provincias. Otro problema que afectaba de lleno a la seguridad, es que la principal fuente de riqueza del país es el opio, cuyo cultivo y comercialización corre a cargo de bandas y grupos armados.

EEUU, más preocupado por terminar de destruir cualquier grupo armado hostil a las tropas extranjeras que por esa labor constructiva, dejó en la OTAN, que creó la ISAF (fuerza internacional de asistencia para la seguridad en Afganistán), esa responsabilidad que desempeñó su misión cumpliendo un mandato de la ONU. Por primera vez en su historia, los afganos tuvieron la oportunidad de decidir sobre su futuro. Se reunieron los líderes de los distintos grupos políticos, etnias, clanes facciones y alcanzaron un acuerdo para la constitución de un gobierno y un parlamento democrático. Hamid Karzaid fue elegido primer presidente del país.

Los primeros años de la era postalibán en Afganistán fueron relativamente pacíficos. La ISAF todavía estaba desplegando sus fuerzas y los talibanes se habían refugiado en el Norte de Pakistán. Cuando la ISAF se empezó a desplegar en el Sur, la violencia se incrementó, los talibanes estaban regresando desde el país vecino y en esas zonas contaban con apoyo y facilidad para camuflarse entre la población. La guerra de la ISAF contra los talibanes fue un lento desgaste que solo parecía afectar a las potencias occidentales. Pese a que el número de bajas era mucho más bajo en su lado, a los fundamentalistas parecía no importarles demasiado. Podían tolerar cientos y miles de muertos, mientras que las opiniones públicas en Occidente bramaban contra la misión cada vez que un soldado volvía en caja de pino. Los progresos en la misión parecían lentos y las críticas en Europa y EEUU arreciaban. Los incrementos de tropas no eran suficientes para controlar todo el territorio. El presidente de Francia, Françoise Hollande, prometió en campaña electoral la retirada unilateral de Afganistán siguiendo el camino que emprendió en Irak el presidente Zapatero unos años antes. Otros gobiernos exigieron a EEUU, un cambio de estrategia.

En EEUU, el interés por Afganistán se estaba perdiendo. Un país sin aparente interés económico y estratégico le estaba suponiendo a la Administración norteamericana millones de dólares anuales. Aún encima, el goteo de bajas preocupaba, sobre todo en los países aliados de Europa y en Canadá. La fe en la misión también se resquebrajaba, los talibanes eran cada vez más fuertes y Pakistán no parecía colaborar como se le solicitaba. Lo cierto es que resultaba muy difícil separar el problema afgano del pakistaní. En áreas del Norte de Pakistán los integristas habían impuesto la sharía (ley islámica) y el Gobierno, incapaz de controlarles, negoció con ellos contribuyendo a facilitar un santuario a los fundamentalistas del país vecino. Pakistán jugaba un doble juego con EEUU y los talibanes, pareciendo facilitar apoyo a ambos bandos. Un juego que hacía del conflicto una lucha sin fin. Ben Laden, el líder de Al Qaeda, fue abatido por un grupo de operaciones especiales de EEUU en una casa muy cercana a una academia militar pakistaní. El mulá Omar, líder de los talibanes antes del 11S, murió en un hospital de Pakistán sin que se hiciese pública su muerte hasta dos años después. Las sospechas del doble juego de los pakistaníes se iban haciendo más evidentes.

En el año 2014, la OTAN decidió poner fin a la ISAF e iniciar el proceso de “afganización”. La idea era evitar los combates directos con los talibanes y dejar que el Ejército y la policía afgana se hicieran cargo de la misión. Para ello era necesario dotar a los afganos de los medios adecuados y darles el adiestramiento necesario. Mientras, la OTAN iniciaba otra misión de apoyo a Afganistán facilitando medios aéreos e inteligencia. La presencia militar de la OTAN se redujo de manera considerable y las bajas en combate fueron casi exclusivamente afganas. La idea hubiera sido buena de haberse concebido como una estrategia permanente y no como una transición hacia una retirada total, que fue lo que se hizo.

El hecho es que Afganistán ha vuelto, tras la retirada, a una situación muy similar a la anterior a la invasión de 2001. Resulta difícilmente explicable que todos los medios empleados para la misión y que todas las bajas sufridas desde entonces tuvieran como objetivo volver al principio. El espectáculo de ver patrullas de talibanes recorriendo las calles en vehículos Hummer americanos, sin tomarse siquiera la molestia de borrar las iniciales US pintadas sobre ellos, resulta tremendamente humillante.

Lo que todo el mundo se pregunta es como ha sido posible que el Gobierno afgano se haya venido debajo de mamera tan fulgurante con todos los medios y recursos que Occidente puso a su disposición. No tenemos toda la información aún para una respuesta precisa, pero lo que no resulta creíble es que los EEUU no conocieran esa posibilidad. El hecho es que todo el armazón que sostenía el régimen afgano dependía enteramente del apoyo externo, y sin éste, ni los propios afganos creían en su supervivencia. Cuando los soviéticos abandonaron Afganistán en 1989 el régimen comunista de Najibullah aún sobrevivió unos meses. El legado occidental ha sido aún más débil que el soviético comunista, a pesar de haber permanecido veinte años en el país.

EEUU sufrió enormemente con las largas ocupaciones en Irak y Afganistán. Durante los primeros años hubo combates, bajas, enormes gastos y pocos beneficios. Esta situación ha provocado una gran apatía hacia misiones militares en el Exterior. Desde el punto de vista político, los demócratas rechazan esta política de hardpower por que la ven como una imposición por la fuerza que daña la imagen de EEUU en el Exterior. Para los republicanos estas operaciones son un gasto importante de recursos que no suponen grandes beneficios para el país. En general, EEUU está volviendo a reforzar la idea de que EEUU debe dejar de involucrarse demasiado en los problemas de otros. La vieja tentación aislacionista está volviendo, como antes de la segunda guerra mundial.

Pero EEUU no se parece mucho al país que era en 1941. La posición hegemónica del país se sustenta en un poderoso juego de influencias y alianzas que tiene como base, la defensa del denominado mundo libre. Frente a otras potencias, como China o Rusia, EEUU es el líder indiscutible de los países que creen en la democracia y en libertad. Y esta responsabilidad no puede eludirse sin pagar un alto precio en prestigio y poder. Y para mantener ese liderazgo mundial es necesario participar en el juego en todo el tablero del planeta, lo que implica una combinación de acciones de todo tipo, que desde luego incluyen el hardpower, como lo prueba la presencia de bases militares desplegadas por todo el mundo.

Hace dos años EEUU decidió abandonar Siria tras un despliegue realizado para luchar contra el Estado Islámico (ISIS) en el entorno de una guerra civil a múltiples bandas. Los norteamericanos no podían apoyar el régimen de Al Asad sobre el que pesaban muy graves acusaciones de violaciones de los Derechos Humanos, e incluso el empleo de armas químicas. Los rusos aprovecharon el vacío para ofrecerse como aliado del régimen sirio y aportaron un notable apoyo militar instalando bases permanentes en Latakia y Tartus. En el otro lado, entre los grupos que luchaban contra Al Asad, estaba el ISIS, el más temido en Occidente por alentar atentados en nuestro suelo. Pero además del ISIS y otros grupos islamistas estaban los kurdos, más pro occidentales y aliados de EEUU desde la invasión de Irak en 2003. Los kurdos lucharon con ayuda norteamericana contra el ISIS con gran eficacia, expulsándolos poco a poco de los territorios que dominaban. En televisión pudimos ver, incluso, a sus guerreros portando la bandera de las barras y estrellas. Pero acabado el ISIS, tras una pinza entre el gobierno de Irak y los kurdos apoyados por EEUU por un lado, y el régimen sirio apoyado por los rusos por otro, la situación de los kurdos se volvió complicada. Funcionaban como un poder autónomo que no reconocía al régimen de AL Asad y contra el que también había luchado, y a su vez, se enfrentaba a otras milicias apoyadas por el Ejército turco. La entrada de Turquía, país de la OTAN,  en Siria planteaba un problema a los EEUU que el presidente Trump resolvió abandonando el país y dejando a los kurdos a su suerte. Turquía y Rusia se quedaron negociando el conflicto y los kurdos acabaron pidiendo ayuda a Al Asad.

El abandono de los kurdos provocó algunas críticas en EEUU, pero no supuso un problema serio a nivel de opinión pública. La de Afganistán, por las circunstancias agravantes del caso, sí que ha hecho caer drásticamente la popularidad del sucesor de Trump, pero en el fondo ambas decisiones forman parte de una política común de renunciar al uso de la fuerza en escenarios lejanos cuando no sea absolutamente imprescindible, y de inhibirse en problemas ajenos, aunque estos sean en defensa de la democracia y de la libertad. Las consecuencias de este cambio de política ya se están empezando a ver, pero no cabe duda que el prestigio y la fiabilidad de los EEUU como aliado se ha visto resentida a nivel mundial.

La situación en Afganistán tenía pocos visos de superarse en un corto o medio plazo, pero se estaban sentando las bases para que el país no volviese a caer en un régimen como el de los talibanes. En muchas ciudades afganas se habían visto cambios muy notables, la guerra no ha alcanzado de lleno a esos núcleos de población en estos años, y se han mejorado y modernizado en muchos aspectos, especialmente en la reducción del analfabetismo, la educación de las mujeres, y el disfrute de muchas libertades, inéditas antes de la llegada de la ISAF. En el medio rural los avances han sido mucho más limitados, especialmente en aquellas áreas donde los talibanes tenían más influencia, pero plantear un cambio tan radical de todo un país desde la Edad Media hasta el siglo XXI, no es un objetivo que se pueda pretender alcanzar en veinte años. Y en esa diferente percepción del tiempo es donde los talibanes ganaron la guerra. Los occidentales hemos perdido la capacidad para entender y plantear objetivos a largo plazo, vivimos en el mañana es hoy y las inversiones a largo plazo las vemos como despilfarro de recursos. Los talibanes, en cambio, no tienen prisa. No es que se planteen objetivos a largo plazo, sino que luchar es su modo de vida y morir algo tan cotidiano como aceptable. Por eso ni las bajas, ni el tiempo les han desgastado.

La permanencia de un contingente internacional como el que se mantenía en los últimos años en Afganistán no hubiera servido para ganar la guerra a medio plazo, pero hubiera permitido que un régimen totalitario y criminal no volviera a regir los destinos del país, mientras éste iniciaba, poco a poco, su trasformación a la modernidad. El reto era inmenso, pero la ocasión lo merecía, si aún Occidente conservara algún referente moral y ético en su política, pero no si se sigue limitando a defender los intereses económicos de cada una de las naciones de las que somos parte.

En todo caso, para aquellos que defienden que el objetivo en Afganistán era eliminar el santuario terrorista y eso ya se alcanzó, y que reconstruir el país solo se planteaba como un objetivo secundario que no merecía la pena el esfuerzo, ya que finalmente resultaba ser mucho mayor de lo previsto, y que por lo tanto la misión no puede considerarse fracasada, he de decir que hay hechos con los que difícilmente se sostiene esta tesis:

 

-         En primer lugar, el acuerdo que los EEUU firmaron con los talibanes para los que éstos no atacasen o permitiesen ataques terroristas a países o ciudadanos occidentales a cambio de la retirada no tiene ninguna garantía de cumplimiento. A corto plazo, es posible que los nuevos dominadores de Afganistán no tengan interés en acciones fuera de su territorio, pero a medio plazo la situación puede cambiar.

-         El uso de la fuerza militar es un medio y no una finalidad en sí mismo, por lo que considerar que haber eliminado a un elevado número de terroristas o combatientes islámicos como un objetivo alcanzado es engañoso. Sin haber alcanzado un objetivo político claro, realista y viable, no puede hablarse de misión cumplida.

-         El daño moral provocado a las propias fuerzas militares de todos los países de la OTAN qua han participado durante dos décadas en esta misión es indudable, puesto que se les ha aleccionado, motivado y preparado para lograr la reconstrucción de un país y ellos han visto como todo su trabajo, esfuerzo y enormes sacrificios, que han incluido bastantes vidas humanas, han sido para volver al punto inicial.

-         En idéntico sentido, el daño a la conciencia de Defensa en los mismos países ha sido enorme. Nos hemos cansado de escuchar a políticos, periodistas y  anuncios de publicidad institucional recordándonos que los militares hacían un gran servicio a la humanidad  mientras repartían ayuda humanitaria y protegían a una población que ahora han dejado a su suerte. ¡Qué difícil va a ser justificar ante la opinión pública cualquier misión de mantenimiento de la paz en el futuro!

-         El prestigio de la propia OTAN, que huye de un escenario de conflicto que se le complica, el de las propias naciones que la componen, incapaces de ponerse de acuerdo para lograr un mínimo de eficacia en la misión, la clara supremacía de los intereses materiales y nacionales sobre cualquier principio ético en la definición y ejecución de las misiones; todo ello, tras el estallido de Afganistán, va a resultar en una enorme falta de credibilidad de cara al futuro que va a resultar muy difícil de reparar.

No parece que, pese a los esfuerzos de algunos políticos, exista otra lectura que el de una vergonzosa derrota en Afganistán. Pero, en este caso no una derrota militar, ya que los militares hicieron el trabajo que se les encomendó y lograron lo que les fue posible alcanzar, dentro de las enormes limitaciones que sus propios dirigentes políticos les impusieron. En este caso la derrota es política y sobre todo moral, de una civilización llamada occidental, cada vez más arrinconada en objetivos meramente materialistas, sin orgullo ni referencias morales y sin capacidad de reacción ante su lento, pero visible declive.

 

domingo, 7 de marzo de 2021

CINCO RAZONES PARA INVERTIR EN DEFENSA

CINCO RAZONES PARA INVERTIR EN DEFENSA

No es ningún secreto que el recurso económico que España destina a la Defensa Nacional es escaso, si lo ponemos en relación con la importancia de nuestro país con los demás países de la OTAN y con los objetivos de capacidades que el propio Ministerio de Defensa ha establecido y que siempre se quedan a medio alcanzar precisamente por falta de recurso financiero. También es sabido que las prioridades de la sociedad y desde luego de los dirigentes políticos son otras diferentes de la Defensa Nacional (Bernal Gutiérrez, 2011, 22-64). No obstante lo anterior, es hora de que España apueste por medidas de futuro que ayuden al desarrollo de nuestro país en el medio y largo plazo, y no gastar todos nuestros recursos en soluciones cortoplacistas, que mantienen a nuestro país sumido en la baja productividad, la ineficiencia económica de muchas actividades y el retraso en las nuevas tecnologías. El gasto en Defensa, a diferencia de otros, no es un gasto improductivo, sino una inversión.

El presupuesto de Defensa en España está en la cola de la OTAN en términos relativos, por debajo del 2% del PIB (Fig.1), que es la cifra que todos los países de la OTAN se comprometieron a gastar en 2024. Pero a esto hay que añadir que la inercia presupuestaria es el factor que más influye en la elaboración del presupuesto de Defensa (Fonfría, 2013, 24), por lo que el presupuesto sube normalmente menos de lo que hace el PIB y en momentos de crisis es el que sufre más recortes, por lo que el gasto en Defensa además acumula retrasos. Esto es importante, porque los efectos de la escasez de recurso económico en Defensa tienen efectos acumulativos importantes. Uno de ellos es la llamada deuda de Defensa, que arrastra el Ministerio desde hace años por la peculiar manera de financiar los programas especiales de armamento (PEAS) (Pérez-Forniés, 2013, 50). Defensa tiene que pagar por los materiales adquiridos pero la financiación corre a cargo del Ministerio de Industria y las empresas devuelven la financiación directamente al Tesoro. Ello va incrementando la deuda del Ministerio de Defensa que se hace insostenible a lo largo del tiempo.


Fig. 1. Gasto en Defensa de los países de la OTAN. Fuente: División de Diplomacia Pública de la OTAN, comunicación de 2018.

 

Además, los PEAS siempre van retrasados. Estos efectos necesitarían una inyección extra de recurso para recuperarse, inyección que no se produce. Cuando un Ejército plantea la necesidad de modernizar o adquirir nuevas armas o equipos lo hace porque el material que está utilizando se está quedando obsoleto. Como el recurso nunca cubre todos los proyectos, algunos tienen que esperar algunos años. Mientras tanto las obsolescencias van creciendo. Cuando se produce un recorte, uno de los programas aprobados sufre retrasos. Y ello conlleva más retrasos sobre otros proyectos que aún no se han convertido en programas. En consecuencia, muchas capacidades se ven drásticamente reducidas o perdidas por un tiempo.

Pero no solo la falta de presupuesto afecta a la adquisición o renovación del material. El adiestramiento de los Ejércitos es esencial para que las capacidades puedan ser realmente alcanzadas, así como la formación del personal. Si no se dispone de recursos suficientes para el adiestramiento, tendremos un almacén de armas, pero no un Ejército.

Lo mismo sucede con el mantenimiento. Adquirir tecnología de última generación sin gastar en su mantenimiento dejará los equipos inoperativos en el corto o medio plazo. Y ponerlos de nuevo a operar supondrá la necesidad de nuevos recursos económicos, probablemente mayores que los que no se gastaron en su momento.

Hay una tendencia a incrementar el coste de los nuevos programas de armamento. En parte se debe al rápido desarrollo de nuevas tecnologías que hacen que los equipos se queden obsoletos antes que hace unos años. Otra razón es el cambio del escenario estratégico con la aparición de la guerra híbrida que ha obligado a las Fuerzas Armadas de todas las naciones occidentales a desarrollar capacidades más allá del escenario convencional. De esto hablaremos después con detalle. En cualquier caso, este incremento de coste está provocando una reducción de los medios de que disponen las Fuerzas Armadas, ya que el presupuesto de Defensa no crece al mismo ritmo que los costes de los programas de armamento y al tener que elegir entre tecnología más avanzada o mayor cantidad de efectivos.

En los últimos 20 años, muchas de las naciones de la OTAN han optado además por un modelo de Fuerzas Armadas totalmente profesional (Valiño, 2013,52), lo que ha supuesto un notable incremento de gasto de personal. Este gasto además hace más rígido el presupuesto, dificultando la capacidad para incrementar el gasto en material o sostenimiento.

España es, por extensión, población e importancia económica, uno de los países más importantes de la OTAN. Nuestra contribución a las misiones internacionales de la Alianza también está en concordancia con esa importancia. Sin embargo, en el ámbito presupuestario, España está situada claramente por debajo de los principales países europeos de la Alianza (Fonfría, 2013, 35). A nadie engaña el hecho de que, sin un presupuesto adecuado, el papel de España no refleja las verdaderas capacidades que tienen nuestras Fuerzas Armadas.

Los asuntos referentes a la Defensa Nacional no son prioritarios para nuestros dirigentes. La mayoría de los españoles no se sienten amenazados por ninguna potencia. Pero el problema de la Defensa y Seguridad es que cuando somos conscientes de su importancia, ya es tarde para remediarlo. Porque habrá pasado algo irremediable. En 1898 España se vio abocada a una guerra con los Estados Unidos que nuestros dirigentes políticos no fueron capaces de impedir, prevenir o preparar. El resultado ya lo conocemos: una derrota humillante que hundió la autoestima, el patriotismo y dio alas a movimientos políticos separatistas y antiespañoles.

En la cumbre de la OTAN de Bruselas, el 2 de julio de 2018, el presidente Pedro Sánchez se comprometió a gastar el 2 % exigido por la Alianza y los EEUU, ratificando así el compromiso que adquirió su predecesor e



n 2017. Sin embargo, la necesaria evolución del presupuesto para alcanzar ese compromiso en 2024, hace poco creíble ese compromiso (Fig.2).


Fig. 2. Gasto en Defensa en relación al PIB. Fuente:La inversión en defensa en España: una asignatura pendiente”, Fernando Álvarez Gómez-Lechón (IEEES).

En la actualidad, el presupuesto de Defensa no es solamente un gasto necesario para proveer al país de los medios de Defensa que necesita, tanto para la persuasión, como para defender intereses estratégicos y mitigar amenazas en el Exterior, sino que también una inversión que tiene importantes externalidades positivas en la vida del país. Por ese motivo, en este trabajo hablaremos de inversión y no de gasto en Defensa y daremos cinco poderosas razones para cambiar esta tendencia: las dos primeras de orden estrictamente defensivo y las tres restantes como efectos beneficiosos para el desarrollo y la economía nacional.

1.      RESURGIR DE LA AMENAZA CONVENCIONAL

Aunque el final de la guerra fría trajera una reducción del gasto militar en todo el mundo, el escenario estratégico mundial ha cambiado mucho desde entonces y las llamadas potencias emergentes, como China o India, están aumentando su gasto militar. También lo está haciendo Rusia, que pese a no disponer de una fortaleza económica que le permita seguir la estela de otras potencias, está dispuesta a conseguir objetivos políticos y estratégicos mediante el uso de las Fuerzas Armadas, y ello ha conducido a un notable incremento de su presupuesto de Defensa. Estados Unidos, como primera potencia militar del planeta, está asimismo incrementando su gasto tras varios años de reducción, con la intención de mantener su hegemonía mundial.

En este escenario mundial, Europa, que desde el final de la Segunda Guerra Mundial ha descansado su Defensa en el apoyo de su principal aliado, los EEUU, está recibiendo presión desde el otro lado del Atlántico para que asuma su propia Defensa y deje de actuar como free raider. Fruto de esta presión estadounidense ha salido el compromiso de mantener un presupuesto de Defensa del 2% del PIB que además debe ser invertido en capacidades reales de Defensa. España, como país miembro de la OTAN, tiene un compromiso con la Alianza de contribuir en la medida de su capacidad y no puede permanecer al margen ante amenazas globales, aunque no se sientan como propias. Por ejemplo, para algunos Estados miembros, como Noruega, Polonia o las repúblicas Bálticas, la amenaza de Rusia es prioritaria. Aunque en otros países como España, la amenaza de Rusia no se ve del mismo modo, estamos contribuyendo a la defensa del espacio aéreo de esos países aliados en el marco de la OTAN. Asimismo, y a modo de compensación, España ha logrado el compromiso de la Alianza para la llamada defensa del flanco Sur, que comprende las amenazas procedentes del Norte de África. Desde la caída del muro de Berlín, la OTAN debe ser entendida de un modo diferente, en el que las amenazas son cambiantes y menos definidas, y los intereses nacionales deben ser coordinados.

Particularmente, en el denominado flanco Sur, que tanto interesa a España, se habla de conflictos locales, Estados fallidos, terrorismo transnacional, y otros sucesos que provocan olas de inmigración ilegal, tráfico de drogas, armas y de personas y otros fenómenos delictivos que desestabilizan la región. A su vez, los países de la zona han incrementado sus Fuerzas Armadas y sus medios de Defensa, que en principio no son una amenaza para España, pero que la desestabilización podría hacer que lo fueran.

Marruecos por ejemplo, ha incrementado notablemente sus capacidades militares: su porcentaje de gasto en defensa del PIB hasta el 3.2% (alrededor de 3.700 millones de dólares). Marruecos ha contratado la modernización de su flota de 23 F-16 al bloque 52, y ha adquirido 25 ejemplares adicionales de una de las versiones más avanzadas del modelo: el Bloque 72. Adicionalmente, ha adquirido 222 carros de combate M1A1 Abrams, y está en proceso de adquirir 162 unidades de un modelo más avanzado: el M1A2, lo que conforma una fuerza acorazada dotada con 384 unidades modernas y capaces, por encima de los 300 carros de los modelos Leopard 2E y 2A4 que opera nuestro Ejército de Tierra. Washington ha autorizado también la venta de 36 helicópteros AH-64 Apache –robusto, probado en combate, y en número y capacidades superior a nuestros 24 Eurocopter Tigre-, 3 helicópteros CH-47D Chinook, y una amplia panoplia de municiones que incluye misiles antiaéreos Stinger y anticarro TOW. La última adquisición: misiles antibuque AGM-84L, que pueden ser lanzados desde los cazas F-16, y que podrían suponer una amenaza para nuestra Fuerza Naval (Fuerza Naval, 2020). Marruecos también podría adquirir aviones F-35, cazas de quinta generación, tras el acuerdo alcanzado con EEUU.

Al igual que Marruecos, Argelia ha aumentado su presupuesto militar hasta el 3,2% de su PIB, gracias al cual se ha estado equipando militarmente con material ruso moderno en estos últimos años, operando con cazas Sujoi SU-30 MKA, helicópteros de ataque Mi-28NE Havoc y carros de combate T-90. No obstante, donde más ha llamado la atención el rearme argelino ha sido en su marina de guerra, que se está dotando actualmente con dos modernas fragatas de la clase MEKO-A200, tres corbetas chinas de la clase C-28A e incluso un buque LPD italiano para operaciones anfibias. Argelia cuenta ahora con una de las fuerzas más modernas del Mediterráneo, con seis submarinos clase Kilo, cuatro de ellos recibidos en la última década (Foro Naval, 2020).

Las capacidades de guerra convencional en las Fuerzas Armadas Españolas se han visto reducidas en las últimas décadas de manera ostensible, en parte por la necesidad de atender a su modernización, pero también por tener que atender a nuevas amenazas de orden asimétrico, más complejas, y también para adaptarse a las necesidades de las misiones que han venido desempeñando en el Exterior.

En este sentido podemos comparar los medios de que disponían las Fuerzas Armadas Españolas en la década de los noventa y las que disponen hoy. Por citar algunos ejemplos, y siempre salvando importantes distancias, el Ejército de Tierra tenía más de 840 Carros de combate hace tres décadas y ahora dispone de poco más de 200 cuya operatividad plena solo corresponde a una parte. La Armada, asimismo, tenía 17 escoltas, (11 fragatas y 6 Corbetas con capacidades antisubmarina, antiaérea y anti superficie), disponiendo ahora solo de 5 fragatas plenamente operativas. El Ejército del Aire disponía en los noventa de unos 210 aviones de combate con capacidad aire-aire y aire-superficie, disponiendo ahora solo de 156 (86 EFA Typhon y 70 F-18 Hornet). Estas comparaciones son enormes simplificaciones que admiten muchos matices, pero sí reflejan la reducción en general de efectivos operativos que las Fuerzas Armadas han experimentado en capacidades de guerra convencional.

Es importante que las Fuerzas Armadas dispongan del material más moderno y eficaz, pero si su número se reduce indefinidamente las capacidades militares de que dispongamos estarán muy mermadas por muy moderna tecnología que manejen. En el Reino Unido N. Davies, A. Eager, M. Maier and L. Penfoldhan hecho un estudio titulado:” INTERGENERATIONAL EQUIPMENT COST ESCALATION” en el que analizan como han ido subiendo los costes por unidad en los programas de armamento del país. En EEUU RAND CO ha hecho un estudio similar (Lorell, Leonard, Doll, 2015) sobre la diferente evolución de los costes de los programas de armamento en aviones y armas guiadas. El estudio concluyelos problemas que va a tener el país para mantener sus capacidades militares debido a la reducción progresiva del número de unidades con los que van a contar las Fuerzas Armadas de los EEUU debido a este incremento de costes en el futuro.



Fig 3. Evolución del coste por unidad de destructores para la Royal Navy y de los aviones de combate de la RAF. Fuente:”INTERGENERATIONAL EQUIPMENT COST ESCALATION”

En el caso español ocurre algo similar, agravado además por el ya mencionado desplazamiento de prioridades. Los carros de combate del Ejército no se llevan a misiones de paz en el Exterior, por lo que han dejado de ser prioritarios. En la Armada, la prioridad ha pasado a ser la Seguridad Marítima, en detrimento de la guerra convencional. Los barcos empleados pueden ser los mismos, pero las capacidades no. Para la lucha contra la piratería, la vigilancia contra la inmigración ilegal o las operaciones de control de embargo de armas no precisan de capacidades antisubmarinas, antiaéreas o anti superficie. Aunque los barcos dispongan de sistemas para esas capacidades no tiene por qué estar operativos ni las dotaciones adiestradas. Lo que las Fuerzas Armadas españolas están haciendo debido a los recortes presupuestarios es priorizar unas capacidades sobre otras, y en ello se están asumiendo riesgos importantes en Defensa y Seguridad.

2.      NUEVAS AMENAZAS.

Los conflictos más recientes, como el de Ucrania, por ejemplo, están poniendo de manifiesto que la guerra, lejos de manifestarse de un modo visible y estrictamente militar, se lleva a cabo por todo tipo de canales, tradicionalmente alejados de lo que podríamos denominar el ámbito militar. El uso de esas nuevas malas artes ha llevado a la OTAN a definir lo que se conoce como guerra híbrida, que, sin renunciar al uso de armas convencionales, introduce sus tentáculos en otros ámbitos especialmente peligrosos por ser menos perceptibles.

La guerra híbrida emplea modernas tecnologías con el objeto de desestabilizar un país objetivo sin tener que mostrar abierta hostilidad, al menos inicialmente, hacia él. Son técnicas en las que el origen de la amenaza pretende permanecer oculto. Una de las técnicas más conocidas y peligrosas de la amenaza híbrida es la Ciberguerra. La mejor manera de luchar contra la guerra híbrida es disponer de eficaces servicios de inteligencia y buenos medios para proteger las comunicaciones y los sistemas de información. Muchas de las técnicas empleadas en la guerra híbrida son comunes a bandas criminales y delincuencia organizada por lo que entramos en un terreno que no es, como podía entenderse, exclusivamente militar.

Pero además de la guerra híbrida, las Fuerzas Armadas de los países occidentales, entre ellos desde luego España, están asumiendo funciones que no son, strictu sensu, militares. Estas misiones pueden ser la lucha contra epidemias, como estamos viendo en la operación Balmis, la lucha contra la inmigración ilegal (Operación Sophia de la UE), la lucha contra la piratería, la ayuda en catástrofes naturales dentro y fuera de nuestro país, el rescate marítimo, y otras labores de policía o de colaboración CIMIC (cívico-militar) en el ámbito de operaciones de paz en el Exterior. Todas estas operaciones, que suelen ser a menudo prioritarias plantean un problema importante a las Fuerzas Armadas en un entorno de recursos limitados, pero también pueden suponer una gran oportunidad.

En la actual situación, como se ha indicado, los escasos recursos con los que las Fuerzas Armadas cuentan han producido un desplazamiento de las capacidades militares convencionales en favor de otras, que suelen ser más valoradas por la Opinión Pública y por tanto más prioritarias para los dirigentes políticos. Pero esta situación también favorece una mejor valoración de las Fuerzas Armadas y facilita su acceso a los necesitados recursos económicos.

Asimismo, al desempeñar estos cometidos, las Fuerzas Armadas se convierten en consumidores de material que otras instituciones, incluso del sector privado, también están necesitadas. Esta situación favorece que exista una convergencia de intereses con diversas instituciones civiles que facilite una mayor demanda de estos materiales, y por tanto menores precios, y también que las inversiones de Defensa en I+D+I beneficien no solo al sector industrial considerado casi exclusivamente de Defensa, sino a un elenco más amplio de empresas con muchos clientes civiles que puede activar mercados en el país y generar tecnologías de gran interés (Carlos Martí,2013,160).Esta sería una de las externalidades positivas que se van a mencionar más adelante, pero para impulsar este desarrollo de tecnologías de seguridad de interés no exclusivo de las Fuerzas Armadas, es necesario invertir en ellas. Es el acceso a la innovación lo que necesitan estas empresas y la falta de músculo financiero la que lo dificulta. Y dado que Defensa las necesita para afrontar las nuevas amenazas y acometer sus misiones, la inversión en Defensa podría satisfacer ambos objetivos.

3.      INTERESES ESTRATÉGICOS NACIONALES.

Desde que España abandonó su aislamiento internacional para integrarse en Europa y en el mundo de las democracias occidentales, la política de Seguridad y Defensa ha estado siempre ligada a las de las organizaciones internacionales en las que se ha integrado, especialmente la OTAN y la UE. Sin embargo, a diferencia de otras naciones como Francia o el Reino Unido, la política de intereses estratégicos de España al margen de los intereses colectivos de esas organizaciones, aparece difuminada o enormemente debilitada. ¿Significa eso que España carezca de intereses nacionales al margen de la UE o de la OTAN? No, como claramente se ha establecido en distintos documentos como la Directiva de Defensa Nacional o la Revisión Estratégica de la Defensa. Lo que quiere decir es que España, al margen de esas organizaciones, dispone de un grado de influencia muy limitado para la consecución de esos fines, especialmente si se trata de situaciones de crisis donde las Fuerzas Armadas son un instrumento para la defensa de dichos intereses. Quedo claramente de manifiesto en la crisis de Perejil donde en determinados momentos la debilidad de España era evidente.

Las causas de esta debilidad internacional son muy diversas y tienen que ver más con la política interna que con la de Defensa. Para los dirigentes políticos las estrategias de política Exterior muy marcadas suponen un riesgo que no quieren asumir, por las consecuencias que a corto plazo pueden traer en la política doméstica de división de la sociedad o de conflicto político. La casi única excepción en la historia reciente de nuestro país fue la crisis pre bélica en Irak donde el presidente Aznar apostó por una alineación total con las potencias que luego invadirían el país, pero sin el acuerdo ni en la UE ni en la OTAN, y con las consecuencias que todos conocemos.

España, sin embargo, es un activo participante en las misiones de paz internacionales, tanto en el ámbito de la ONU como en el de la OTAN, y debería hacer valer más esa participación. España tiene además un enorme potencial de influencia en América, donde existe una gran afinidad cultural e histórica. Algún día, la clase política española descubrirá la necesidad de que España se convierta en un actor relevante en la escena internacional y para entonces necesitará unas Fuerzas Armadas preparadas para ello. Además de la defensa de los intereses nacionales, las Fuerzas Armadas son unas magníficas embajadoras allá donde van. La colaboración con países en vías de desarrollo para mejorar la capacidad de sus Fuerzas Armadas, es también una forma de crear vínculos, exportar prestigio y favorecer prosperas relaciones comerciales.

4.      DESARROLLO DE LA INDUSTRIA DE DEFENSA

La industria de Defensa es la encargada de proporcionar el material necesario para que las Fuerzas Armadas puedan llevar a cabo sus cometidos. Por razones estratégicas, es importante que las empresas que proporcionan estos bienes sean nacionales, impidiendo de ese modo la dependencia de potencias exteriores en caso de conflicto armado. Debido a la creciente importancia de la tecnología en el desarrollo de capacidades militares, muchas de las armas y sistemas que usan las Fuerzas Armadas Españolas son suministradas por empresas extranjeras, especialmente aquellas procedentes de Estados Unidos. Esto implica una dependencia importante en caso de conflicto. Para tratar de reducir esa dependencia, el Gobierno de España, y particularmente el Ministro de Defensa, es responsable del desarrollo de una industria nacional de Defensa, ya sea de titularidad pública (caso de Navantia) o privada (Indra). En el ámbito de la UE, la necesidad de proteger la industria de Defensa permite a los Estados miembros medidas de proteccionismo       que están vetadas a otros sectores. Este entorno favorece que industrias que tendrían serios problemas para sostenerse económicamente en el sector Defensa debido a los altos costes fijos, a la dependencia de su casi único cliente (el Estado) y a la larga duración y alto coste de los programas de armamento, puedan ser incentivados mediante la financiación del Estado. Esto permite al Ministerio de Defensa conseguir que sus necesidades de material sean proporcionadas por empresas nacionales, y a su vez invertir en un sector que trabaja dentro del campo de la innovación y que por tanto produce beneficios a nivel nacional en el desarrollo de nuevas tecnologías, no solo aplicables al ámbito de la Defensa.

En resumen, las inversiones que el Estado hace en empresas del sector Defensa para el desarrollo de programas de armamento necesarios para las capacidades que las Fuerzas Armadas necesitan, produce otras externalidades positivas en la industria nacional y en la economía en general, como son:

-        Redireccionar beneficios que van a empresas extranjeras hacia otras de nuestro país.

-        Invertir en el desarrollo de nuevas tecnologías que permiten a empresas españolas competir en mercados diversos, tanto en España como en otros países, que de otra manera no les serían accesibles. Es importante añadir, que como se dijo en el punto 2, muchas de estas tecnologías son requeridas en mercados de bienes civiles.

-        Reforzar el tejido industrial de la nación, permitiendo el desarrollo de áreas económicamente deprimidas o demasiado dependientes de otros sectores de la economía.

Naturalmente estos efectos son adicionales a la consecución del objetivo principal que no es otro que asegurar los bienes que las Fuerzas Armadas necesitan y hacerlo a través de empresas nacionales en la mayor medida posible para evitar la dependencia externa.

 Es necesario que estas políticas de inversión sean consistentes y sostenidas en el tiempo para que las empresas del sector puedan asegurar sus beneficios y financiación. En España, la mayoría de las empresas que suministran a Defensa, son pequeñas y carecen de un músculo financiero robusto. Hay un sobredimensionamiento de la oferta en el mercado de la Defensa que precisa de una reestructuración (Fonfría, 2013, 132-133). La innovación es un entorno de riesgo y además con fuertes barreras de entrada. Es necesario que el Estado contribuya a desarrollar la industria de Defensa mediante esas inversiones que las empresas, en España la mayoría pequeñas, no pueden asumir.Ello les dificulta afrontar inversiones de gran volumen o de cierto nivel de riesgo.  En otros países, como el Reino Unido o Francia la fortaleza de su industria reside en la seguridad que garantiza un cliente como el Estado que invierte más generosamente en Defensa. Esa robustez les permite acceder a mercados exteriores. La industria de Defensa es un mercado competitivo, pero en todos los países el Estado permanece como el cliente principal.

Aunque no se ha podido demostrar que la inversión en Defensa en general produce beneficios económicos en todos los casos, hay elementos que determinan que así sea, concretamente cuando la inversión implica más exportación que importación(Carrasco-Gallego,2013,81). Los datos de España demuestran que las empresas ligadas al sector Defensa tienen una balanza comercial positiva (Fonfría, 2013,128). Cuando eso sucede el gasto en Defensa se traduce en crecimiento económico (Carrasco-Gallego,2013,80). Además, el crecimiento de este sector está asegurando inversiones en el campo de la innovación, que otros sectores no realizan. Cuando el gasto en Defensa se traduce en consumo interno, las externalidades son positivas y se contribuye al crecimiento económico nacional (Carrasco-Gallego, 2013,85). En España, las empresas de Defensa han contribuido al crecimiento del PIB por encima de su propio peso. De acuerdo con el estudio más exhaustivo realizado hasta el momento, por cada 1 000 euros de inversión en defensa en el año 2010 se añadieron 1 294 euros al PIB. En total, el Ministerio de Defensa y sus organizaciones afiliadas generaron un valor añadido bruto de 12 111 millones de euros (un 1,16 % del PIB español de ese año) (Fernando Álvarez-Lechón, 2020, 14). Según la asociación de empresas del sector TEDAE, la actividad de estas empresas en 2019 supuso: facturación de 7.156 millones de euros, 3,5 % del PIB industrial, 63% de facturación procedente de exportaciones, 23.633 empleos directos y un 9,8% de la facturación invertido en I+D+i (fig.4).


Fig 4. Actividad económica de la Industria de Defensa. Fuente: TEDAE.

 5.      EL FONDO EUROPEO DE DEFENSA PARA LA BASE TECNOLOGICA E INDUSTRIAL DE LA DEFENSA EUROPEA.

Desde el final de la Guerra Fría, hay una tendencia a intentar reducir la dependencia de Estados Unidos para la Defensa y Seguridad de Europa. Por un lado, Estados Unidos desea reducir su presencia militar en Europa y que los aliados se hagan más responsable de su propia defensa, tanto por el coste que le supone, como por la disminución de la amenaza. No obstante, con la política más agresiva de la Rusia de Putin con sus vecinos esto debe ser matizado. Pero también es un hecho que otras zonas del mundo requieren una gran atención de los Estados Unidos, como la amenaza de Corea del Norte sobre sus vecinos y el rearme de China que amenaza a Taiwán. Estados Unidos está comprometido con la defensa de Japón, Corea del Sur y Taiwán del mismo modo que lo está con Europa, pero necesita que sus aliados compartan los esfuerzos en Defensa porque la posibilidad de enfrentar dos crisis bélicas simultáneamente en zonas tan alejadas del planeta resulta casi imposible incluso para la superpotencia.

Por otro lado, Europa desea marcar su propio rumbo y no siempre seguir la senda que marque el aliado trasatlántico, como ya se vio en la crisis de Irak y en menor medida en otros asuntos, pero para poder hacerlo necesita desarrollar sus capacidades militares y para ello tiene que invertir más en Defensa. Está claro, y siempre se ha recalcado en esos términos, que las políticas europeas de Seguridad y Defensa no van contra la alianza con los Estados Unidos ni contra la OTAN, sino para complementarlas. Es decir, reducir la dependencia, pero no eliminar el vínculo sino entenderlo, en otros términos.

España ha apostado siempre por todas las iniciativas europeas en materia de Seguridad y Defensa, comprometiéndose a participar en todas las iniciativas que permitan la construcción de una Seguridad Europea sin la inclusión de los Estados Unidos. Ello nos ha llevado a desplegar nuestras Fuerzas Armadas en misiones dirigidas por la UE, en distintas zonas, pero ello implica un compromiso presupuestario que nuestro país siempre intenta eludir, y como no es el único, casi siempre lo logra.

El problema de construir una Defensa europea que vaya más allá de las misiones Petersberg[1]está en la propia esencia de la UE. Europa se compone de 28 países, la gran mayoría de ello pequeñas potencias sin recursos suficientes por sí solas. La UE es un gigante económico en cuanto mercado único que es, pero la falta de unidad lo convierte en un enano político y estratégico. Aunque los Estados europeos invirtieran más dinero en sus Fuerzas Armadas, nunca alcanzarían ni de lejos las capacidades de los Estados Unidos. Cada nación invierte sus propios recursos en capacidades propias sin tener demasiado en cuenta la dimensión europea de la Defensa, provocando múltiples duplicidades y haciendo inviables por altamente costosos, programas de armamento de alta tecnología. Por ello, se hacen necesarios los programas de colaboración entre las empresas europeas (Fonfría 2013,125).

Para mitigar, o quizá eliminar algún día, estos inconvenientes, la UE ha decidido dotar a su política de Defensa y Seguridad (PCSD) de un fondo que proporcione recurso económico para establecer y mantener una base industrial sólida que proporcione los medios materiales que todas las naciones europeas necesitan. El proyecto consolida una tendencia que ya se venía siguiendo en Europa de compartir programas de adquisición de material de Defensa, como el EFA o el Airbus 400M. Sin embargo, el Fondo Europeo para la base tecnológica e industrial de la Defensa (EDTIB) va más allá. El fondo se constituirá con fondos europeos y financiará los proyectos presentados que sirvan para alcanzar las capacidades europeas de Defensa que están contempladas en la PCSD y que no se van a limitar a las operaciones en curso, sino también a la disuasión (Arteaga y Simón, 2019, 10). El fondo puede complementar programas nacionales siempre que sirvan para alcanzar capacidades europeas de Defensa. Por el contrario, limitará el acceso de empresas no europeas a dichos fondos. La identificación de estas capacidades en un plan de desarrollo, la coordinación de los proyectos PESCO y los planeamientos nacionales de Defensa corresponderá a la EDA, agencia europea de Defensa, que va a desempeñar un papel fundamental.

¿Qué supone para España la puesta en marcha del EDTIB? Para España y su industria de Defensa el EDTIB es una oportunidad y un enorme desafío. Por primera vez, España tendrá acceso a fondos europeos para financiar directamente nuestros programas de Defensa, pero a cambio España deberá proponer y cofinanciar dichos proyectos (Arteaga y Simón, 2019, 19-20). Si España se retrasa o no toma este tipo de iniciativas otros países lo harán y se llevarán su parte de la tarta. La industria española de Defensa no solo no se beneficiará de dichos fondos, sino que sus competidores europeos sí lo harán. Además, España estará financiando de manera indirecta a empresas de otros países.

6.      CONCLUSIÓN

El reducido presupuesto que España asigna a Defensa en cada ejercicio, está privando a las Fuerzas Armadas de los medios que necesita para alcanzar las capacidades que permitan el cumplimiento de sus misiones. Esta falta de presupuesto está dejando a nuestro país por debajo de nuestros aliados y de otras potencias que pueden convertirse en amenazas. Además, la escasez del recurso impide el desarrollo de la industria nacional de Defensa, que es necesaria para asegurar la independencia de la nación y que además produce externalidades muy positivas en el desarrollo tecnológico e industrial del país. Finalmente, la política de la UE de unir esfuerzos en Defensa para el desarrollo de una política común, no solo para el soporte de operaciones militares combinadas de mantenimiento de la paz, sino para asegurar la defensa de Europa mediante una disuasión eficaz, ha cristalizado en la creación del EDTIB, que supone una oportunidad y un desafío para España, que no podrá aprovechar sin un presupuesto de Defensa más robusto.


 

7.      BIBLIOGRAFÍA

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ARTEAGA , FÉLIX Y SIMÓN, LUIS.El Fondo Europeo deDefensa y el futuro de laindustria española. Real Instituto Elcano. Enero 2019.

BERNAL GUTIÉRREZ, PEDRO. La cultura de seguridad y defensa en España Sus orígenes y evolución. Cuadernos de estrategia,155, CESEDEN 2011.

CARRASCO-GALLEGO, JOSÉ ANTONIO. El gasto en Defensa y el crecimiento económico. “Lecciones de Economía de la Defensa”. Civitas Thomson Reuters. 2013

DAVIES N., EAGER A., MAIER M. y PENFOLD L. Intergenerational Equipment Cost Escalation. Defence Economic Research Paper. Diciembre 2012.

FONFRÍA, ANTONIO. Economía de la Defensa: Definición y ámbitos de análisis y La industria de Defensa: características y evolución. “Lecciones de Economía de la Defensa”. Civitas Thomson Reuters. 2013

FUERZA NAVAL. El rearme de Marruecos: ¿una amenaza en ciernes? 18 abril, 2020.

FORO NAVAL. El nuevo conflicto de Argelia y Marruecos por la ampliación unilateral de sus aguas limítrofes con España. Febrero 21, 2020.

LOREL, MARK A., LEONARD S., DOLL ABBY. Extreme Cost Grow: Themes from Six US Air-Force Major Defence Acquisition Programs. Research Report. RAND Corporation.

MARTÍ, CARLOS. La innovación en Defensa.“Lecciones de Economía de la Defensa”. Civitas Thomson Reuters. 2013

PÉREZ FOURNIES, CLAUDIA. La demanda del bien Defensa: El gasto en Defensa. Perspectiva nacional e internacional. “Lecciones de Economía de la Defensa”. Civitas Thomson Reuters. 2013

VALIÑO, AURELIA. Capital humano y políticas de personal. “Lecciones de Economía de la Defensa”. Civitas Thomson Reuters. 2013

 

 

 

 

 

 



[1] Las misiones Petersberg son operaciones de mantenimiento de la paz, humanitarias y de gestión e crisis de combate. Fueron las primeras misiones militares que la UEO acordó llevar a cabo, y sirvieron de base para aprobar y desarrollar operaciones combinadas fuera del territorio de la UE.