Mostrando entradas con la etiqueta Armada. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Armada. Mostrar todas las entradas

sábado, 24 de octubre de 2015

LOS BARCOS O LA MOLESTA RAZON DE SER DE LA ARMADA



 Aunque el título suene extraño, incluso escandaloso, se respalda en hechos que, en el fondo, son por todos conocidos. Por todos me refiero, naturalmente, a los que vivimos en la Armada y trabajamos para ella. La frase no la inventé yo, la escuché hace muchos años y entonces me chocó como a muchos les ocurrirá ahora.
En cierta ocasión, un suboficial de la Armada me dijo que la mayoría de los miembros de su escala no estaban embarcados sino en tierra, en una proporción considerablemente desproporcionada y que ello explicaba muchas cosas. No me he tomado la molestia de hacer el cálculo, pero en realidad el asunto afecta a todos: oficiales, suboficiales, marinería… todos acabamos pasando mucho más tiempo destinados en tierra que en buques. Sin embargo seguimos trabajando por y para los buques sólo que desde otra perspectiva. Lo que trato de mostrar en estas líneas es como esa diferente  perspectiva es también un progresivo alejamiento de la realidad hasta el punto de que como se suele decir “el papel lo aguanta todo” pero la realidad no lo soporta.

Es una evidencia que todos los organismos de la Armada, todos los que trabajamos en ellos y todos los asuntos  a los que dedicamos nuestra jornada tienen como misión que los barcos y sus dotaciones estén preparados para cumplir las misiones que puedan asignárseles. De una forma u otra todo el trabajo que realizamos, al final tiene su reflejo en cómo están nuestros buques. Incluso la labor de otras unidades de la Fuerza como la Infantería de Marina o la Flotilla de aeronaves, que realizan cometidos específicos, también tienen su razón de ser en los propios barcos. Sin barcos las aeronaves de la Flotilla no existirían, ya que de eso ya se ocuparía el Ejército del Aire y sin barcos no habría infantes de marina, porque para luchar en tierra está el Ejército de Tierra. Es el barco, por tanto, el espejo final de nuestros actos y el resultado de nuestro trabajo. Nuestra auténtica razón de ser.

Hagamos un repaso de todo aquello que hacemos:

-         En La Dirección de Personal trabajan para que el buque cuente con dotación suficiente, con la formación necesaria y  también para que la dotación esté bien motivada en el sentido de que no tenga que preocuparse por otra cosa que no sea hacer bien su trabajo.



-         En Apoyo Logístico trabajan para que los barcos se entreguen a la Armada en óptimas condiciones y se mantengan de igual modo. Para que el buque cuente con los medios materiales que necesite durante todo su ciclo de vida y cuente con la asistencia necesaria si algo falla en este sentido.



-         En los Centros de Adiestramiento trabajan para que el barco tenga todos los apoyos que necesita para que pueda adiestrar a su dotación en aquellos aspectos que no pueden realizarse a bordo o que solo se realizan en la mar en contadas ocasiones.





-         En los Cuarteles Generales se gestiona la organización y los recursos, orientan y planean el futuro con el mismo objetivo: que los buques o agrupaciones cumplan eficazmente sus misiones.

¿Por qué nos molestan los barcos entonces? Porque si son nuestro fundamento, nuestro objetivo, nuestra meta, nuestro producto final; en él debiéramos contemplar orgullosos los logros de nuestro trabajo y la verdad es que no lo hacemos realmente. Y no lo hacemos porque los barcos no se sienten apoyados como deben y, aunque normalmente de una manera sutil y prudente, los barcos, como si tuviesen alma y voz propia, se quejan. Se quejan a través de sus Comandantes y de sus dotaciones pero también a través de hechos incontestables a los que a menudo no queremos atender.

Los barcos son el destino más exigente de la Armada, dejando aparte otros puestos en la Fuerza. Los barcos tienen que cumplir con eficacia las misiones, son responsables de su propio adiestramiento y en parte también de su alistamiento. Sin embargo cuando algo no se hace bien sólo se mira hacia su Comandante o dotación. ¿Y todos los demás? Todos los que trabajamos para que el barco sea un éxito ¿No tenemos responsabilidades al respecto?

Uno de los problemas que tiene nuestra organización es que personalizamos de una manera absoluta los éxitos y los fracasos del destino en el que trabajamos. Esta atribución se debe al principio de responsabilidad que todos tenemos muy arraigado desde nuestra formación básica como militares y gracias a ella las Fuerzas Armadas han asumido retos para los que no estaban preparadas  y los han resuelto con brillantez. Pero no debemos personalizar todo el trabajo que hacemos para la Armada. En una organización tan grande y tan compleja que el éxito o el fracaso depende de muchos factores y la mayoría de ellos son factores controlables que una buena organización puede evitar. Lo que quiero decir es que una organización eficaz funciona bien con bastante independencia de la capacidad individual de quienes trabajan en ella a cualquier nivel. El hecho de contar puntualmente con personas excepcionalmente brillantes permite alcanzar logros no esperados o mejorar los resultados, pero una organización eficiente alcanza sus objetivos con personas de capacidad normal. Cualquier individuo si se le forma bien y se le dirige correctamente cumplirá eficazmente sus obligaciones, sino lo hace, lo normal es que sea la organización la que haya fallado.

Sin embargo a menudo vemos dotaciones poco preparadas o buques mal alistados y se lo achacamos exclusivamente a los miembros de la dotación. Cuando las cosas se hacen bien  también lo vemos como mérito personal de alguno o algunos sin ser conscientes de que, en realidad, el buen hacer del mando ha permitido superar las carencias de la institución, gracias a disponer de personas con una voluntad, responsabilidad y buen hacer por encima de lo esperado. Es decir que cuando algo funciona vemos grandes profesionales y cuando no, más que descubrir errores subsanables vemos personas incompetentes. Pero una organización eficaz no puede basarse en los méritos individuales.

La mejor manera de saber cómo están nuestros buques son los informes del CEVACO. El CEVACO es un organismo que despierta sentimientos muy enfrentados en la Armada, sin duda motivados por la excesiva personalización del trabajo. Cuando se descubre una deficiencia operativa en un buque, al Comandante le resulta incómodo sacarla a la luz por que por un lado nadie quiere ser portador de malas noticias y por otro siempre teme que alguien pueda achacarle el problema a su propia responsabilidad. El CEVACO no tiene ese problema, es bastante independiente tanto de las responsabilidades supuestas como de las implicaciones operativas que tenga descubrir las deficiencias.  Ello le ha convertido en un organismo de una especial valía en una organización donde todos los informes tienen que atravesar largas cadenas de mando siempre en estricto orden jerárquico. Aunque las dotaciones suelen verlo como un enemigo, el CEVACO es uno de los mejores aliados de los buques en las altas esferas. Primero por que saca a la luz sin tapujos todo lo que ve y eso solo puede beneficiar a los buques en la medida de que la solución a un problema siempre tiene que partir de su identificación y de su reconocimiento. Los informes del CEVACO ponen de manifiesto a menudo deficiencias que no son achacables a la dotación y que sin embargo muestran carencias importantes de la organización. Por ejemplo: averías que afectan a la operatividad, faltas de material, personal insuficientemente formado o escaso, falta de oportunidades de adiestramiento específico, etc… deficiencias que se repiten y que a menudo solo se solucionan con parches, mientras que el CEVACO ayuda a conseguir lo máximo de la dotación para suplir estas carencias. De esta manera las dotaciones sienten que la Armada les exige a ellos un esfuerzo superior al resto, un esfuerzo para suplir las carencias de los que no trabajamos a bordo pero influimos notablemente en sus resultados.

Recuerdo cuando, asumiendo mis responsabilidades como oficial embarcado, acudía a los arsenales de apoyo para solicitar auxilio de mantenimiento y encontraba a otros oficiales, casi siempre más antiguos que yo, atrincherados en sus mesas de oficina tratando de argumentar su negativa a mis peticiones. Recuerdo frecuentemente su  actitud molesta, que no disimulaba la incomodidad que les suponía que un oficial más moderno viniera, a lo que ellos seguramente consideraban, pedir explicaciones por su trabajo. Recuerdo también que de las averías que surgían, esos mismos oficiales siempre argumentaban que la culpa era de la dotación, nunca de la falta de apoyo ni de los trabajos mal hechos por empresas subcontratadas. De lo que no me cabía ninguna duda es que cuando los buques se hacían a la mar, en los arsenales se hacía la paz y la felicidad, por que la causa de sus “problemas” desaparecía.

Sin embargo los verdaderos problemas se los llevaba el barco a la mar. Si la reparación no efectuada o si el trabajo mal hecho repercutía en el cumplimiento de la misión sería la dotación quien acarrease con las consecuencias.

Anécdotas aparte, el trabajo que hacemos sólo es eficaz si repercute positivamente en el barco y creo que ahora no tenemos totalmente esa sensación. Cuando en despachos lejanos se decide sobre el futuro de la carrera del militar profesional en base a valores teóricos, muy generales, muy loables sin duda, pero a veces de escasa utilidad en el buque, es el barco quien tiene que apañárselo con dotaciones no muy bien formadas. Si alguien por su escasa formación causa un accidente, el problema lo tendrá el interesado y desde luego sus superiores, que nada tuvieron que ver con su formación, pero nadie mirará si nuestro sistema de enseñanza es el adecuado.

Si no se imparten los cursos de formación pero se insiste en que el personal que maneja equipos debe ser certificado por sus superiores, se está traspasando al buque la responsabilidad de tener al personal formado aunque el manejo de equipos es una necesidad operativa permanente, se tenga o no personal con experiencia.

Cada vez los buques tienen menor dotación, aunque eso no le ha eximido de responsabilidad alguna ni tampoco ha habido una disminución apreciable de cometidos. Este recorte se basa en que las nuevas tecnologías requieren menos personal para el manejo de los equipos, sin embargo no tiene en cuenta que el personal en el barco no sólo está para manejar equipos.

Aparentemente la externalización de servicios como la limpieza o el mantenimiento permitiría recortar personal, pero lo que en realidad ocurre es que esa externalización resulta muy cara y que al final la marinería acaba limpiando y realizando tareas de mantenimiento de todo tipo, sólo que contando con menos personal y menos recursos económicos. La Seguridad Interior por otra parte, requiere recursos humanos que no pueden ser siempre suplidos por tecnología. Además no somos a menudo conscientes de la carga de trabajo que vamos dejando al barco al mismo tiempo que vamos mermando sus recursos humanos. La dotación del buque debe realizar escuelas por destinos para formar al personal, hacer ejercicios generales dentro de su plan de adiestramiento, asegurarse de que el personal conoce los equipos para poder certificarles en su manejo y participar en la elaboración de doctrina a través de sus propuestas. Debe además realizar mantenimientos de primer escalón  (a menudo también de otros superiores), supervisar todo los trabajos que realizan las empresas conforme a los planes de seguridad en obras, actualizar la documentación del buque, mantener los pertrechos y recontarlos. Debe hacer informes, partes de campaña o comisión y poner mensajes de diversa índole. Y también preparar y realizar actos protocolarios, hacer las jornadas SEGOP, las juntas de adiestramiento, practicar deporte, estudiar inglés, hacer prácticas de tiro de armas portátiles, leer el BOD y la Intranet diariamente, hacer los IPEC de sus subordinados, gestionar las cuestiones administrativas de personal, y además hacer cursos de perfeccionamiento presenciales o por UVICOA. Además después de las navegaciones debe disfrutar de días de permiso extraordinario para motivación del personal, hacer las guardias o servicios que le correspondan, hacer víveres antes de salir a la mar, hacer combustible, municionar y embarcar los cargos que correspondan. Y por supuesto debe leer la Revista General de Marina y hacer las despedidas al personal que desembarca. Y de vez en cuando debe parar todo el trabajo para hacer un cambio de amarradero.

Como se gestiona el tiempo disponible entre todas estas actividades es prácticamente un arte. No existe ningún método establecido ni siquiera aproximado. El trabajo a bordo es improvisado, desordenado y caótico,  que varía constantemente según las prioridades del mando. Cualquier planificación se incumple sistemáticamente. La carga de trabajo y la disponibilidad de tiempo y personal varían también enormemente según las navegaciones y según el personal va embarcando y desembarcando. De la capacidad y buen hacer de los oficiales en la gestión de ese tiempo, reside la mayor o menor eficacia de los resultados. Si bien nadie ha medido que dotación necesitaríamos por buque para disponer de horas hombre suficientes para cumplir todos esos cometidos, lo cierto es que desde los destinos de tierra donde el trabajo está perfectamente organizado y repartido entre cada persona, a veces no solo no apoyamos si no que le obligamos a hacer grandes esfuerzos.

No contamos con verdadero índices para medir nuestra productividad, ni para valorar el coste de nuestros esfuerzos, pero sí tenemos al final datos concretos de cómo están nuestros buques. Es fácil pensar que cuando salen a la mar y vuelven han cumplido su misión, sin embargo la principal misión de un buque de guerra es el combate y dado que no combatimos, necesitamos valorar que preparación tenemos para hacerlo.

Si se tuviera más en cuenta la carga de trabajo de una dotación, tal vez no seríamos tan rácanos al dotarlos de personal. Si el personal que embarca estuviese mejor formado tal vez no tendríamos que dedicar tanto tiempo en instruirlos a bordo. Si los órganos de apoyo no se limitasen a esperar que les pidamos auxilio sino que procurarán que ese auxilio fuera cada vez menos necesario, seguramente los buques estarían mejor mantenidos. Si cada vez que se pide un informe al barco se tuviese en cuenta que relación esfuerzo/ beneficio tiene, se podría dedicar más tiempo a otras actividades. Si se improvisase menos  la programación de las navegaciones se organizaría mejor el trabajo. Si las bases y arsenales se pudiesen hacer cargo de la seguridad de los buques surtos en puerto se ahorrarían servicios. Si los miembros de la dotación estuviesen más motivados su rendimiento sería mayor…

Si cuando estemos trabajando desde los despachos somos capaces de pensar  en qué medida estaremos apoyando real y eficazmente a los buques, nuestro trabajo será más eficiente y provechoso. Ese debe ser nuestro desafío real.




domingo, 11 de octubre de 2015

LA DEFENSA NBQR EN EL AMBITO NAVAL



           En el actual panorama internacional, la amenaza de las denominadas armas de destrucción masiva es una constante preocupación en la seguridad de las naciones occidentales. Preocupación que se presenta en todos los ámbitos con diversas iniciativas: desde el impulso internacional de medidas contra la proliferación de este tipo de armas, al nivel policial de control del tráfico ilegal de armas ó agentes, y también, desde luego, a nivel militar en el que una parte, importante sin duda, corresponde al ámbito naval.

            Frecuentemente el término armas de destrucción masiva se emplea constantemente y apenas se usa el de NBQ o más recientemente NBQR. Conviene hacer una aclaración al respecto, ya que NBQR son siglas que se corresponden con las amenazas nuclear, biológica, química y radiológica, amenazas materializadas en armas de  uso militar o empleadas con fines terroristas, que proceden de la disposición y manipulación de agentes químicos que resultan letales o incapacitantes, de agentes biológicos (seres vivos ó toxinas) que producen daños graves para la salud, de explosiones nucleares con efectos devastadores tanto para el entorno como para cualquier forma de vida, y de materiales que producen radiación en intensidad suficiente para causar graves daños a la salud incluida la muerte. Es decir que se refieren a armas cuyo origen y forma está perfectamente definida y lo que es más importante son armas prohibidas por convenios internacionales suscritos por la inmensa mayoría de los Estados que conforman la comunidad internacional. Por el contrario hablar de armas de destrucción masiva es indefinido, ya que aunque todas las armas NBQR pueden serlo, existen otras que también producen daños de manera masiva e indiscriminada y que no forman parte de ese grupo y no están limitadas por ningún convenio internacional.

                        Las armas NBQR pueden ser inmensamente destructivas (de ahí su otra denominación más periodística), sus efectos no se agotan después de un ataque sino que pueden permanecer un tiempo, son contaminantes en el sentido de que una vez lanzadas ocupan un área dentro del cual será muy complicado eludir sus efectos, psicológicamente son muy efectivas por el pavor que producen, y más que producir una ventaja operativa desde el punto de vista militar, ya que las zonas donde se producen los ataques no podrán ser ocupadas después, provocan destrucción indiscriminada y  ruptura total del derecho humanitario, en caso de emplearse en un conflicto armado.


                       El empleo de armas NBQR es desde el punto de vista militar  un recurso para quien no puede vencer por medios más convencionales, lo que convierte a las potencias occidentales en sus potenciales víctimas, por su papel de poderoso en la denominada guerra asimétrica. Finalizada la guerra fría, la amenaza nuclear, la más potencialmente destructiva en aquel momento histórico,  pasa a un plano más secundario aunque persiste,  por la proliferación nuclear de pequeñas potencias, algunas altamente inestables como Pakistán. Las armas biológicas, químicas o radiológicas son más  asequibles para Estados menos desarrollados, incluso para grupos armados insurgentes o terroristas, aunque no obstante conviene huir de exageraciones en este sentido más propio de novela o película de ficción.          

En este contexto, la OTAN ha proyectado sus capacidades de defensa NBQR en dos aspectos: el control de la no proliferación y la defensa frente a ataques ,incluidos los terroristas, y las emisiones accidentales procedentes de instalaciones civiles como industrias químicas, laboratorios ó centrales nucleares. Las misiones concretas asignadas a las unidades militares son detección, identificación, monitorización, protección física y finalmente descontaminación.
            Tradicionalmente la Armada no se ha involucrado demasiado en la lucha contra la amenaza NBQR. Con una mentalidad posiblemente procedente de la era de la guerra fría, la defensa contra este tipo de ataques se ha considerado secundaria por su escasa probabilidad o por la menor vulnerabilidad del medio marino. Sin embargo en la última década la Armada española ha realizado un notable esfuerzo en mejorar sus capacidades frente a esta amenaza. Este esfuerzo se ha visto plasmado en varios aspectos. Por un lado se han insertado en la enseñanza de formación de los militares de carrera contenidos sobre NBQR, que han mejorado los escasos conocimientos que existían sobre la materia. Asimismo la enseñanza de perfeccionamiento se ha dotado de cursos para formar personal clave en buques y centros de adiestramiento, reduciendo la dependencia que en este sentido existía de la Escuela de guerra NBQ del Ejército de Tierra y aumentando el número de expertos disponibles. Ese esfuerzo se ha visto también reforzado con la adquisición de equipos de protección individual y de detección, aumentando las capacidades para desplazar buques o unidades a zonas de conflicto donde se necesiten. También el nivel de adiestramiento en defensa NBQR se ha ido incrementando al incluirse en las Calificaciones operativas (CALOP) de los buques, ejercicios de defensa NBQR con planteamientos cada vez más exigentes. Asimismo la industria naval ha ido incorporando en las nuevas construcciones sistemas de protección colectiva (ciudadela) que evitan la entrada de contaminación en los buques y permiten operar en zonas bajo este tipo de amenaza. Todo este esfuerzo, importante sin duda, está no obstante en sus comienzos. Gran parte del material NBQR es caducable y su regeneración es costosa y los niveles de instrucción y adiestramiento de las dotaciones, pese al incremento, son aún incipientes, salvo notables excepciones. Por otro lado queda pendiente llevar la defensa NBQR a los Estados Mayores donde aún no ha conseguido llegar, quedando en principio considerada como una capacidad de unidad y no colectiva. 


 ¿Qué medios tiene la Armada y que misiones puede desempeñar ante esta amenaza?

Los buques son plataformas bastante seguras en relación con cualquier instalación terrestre. Su estructura de acero, estanca al exterior limita bastante la penetración de agentes químicos o biológicos y reduce la del a radioactividad. El medio marino favorece bastante la descontaminación natural, es decir, a diferencia del medio terrestre donde la contaminación puede persistir sobre el terreno o la vegetación durante bastante tiempo, el agua favorece la dispersión de los agentes y por tanto la desaparición del peligro. Por otro lado los buques pueden desplazarse de una zona a otra en un tiempo razonablemente corto pudiendo por tanto escaparse de las áreas de peligro. Los buques disponen además de dos sistemas muy eficaces en la lucha contra la contaminación: el sistema “washdown” y la ciudadela. El sistema “washdown” consiste en rociar toda la superficie exterior del buque mediante agua salada a través de distintos difusores repartidos por todo el barco, con ello se desplaza la contaminación depositada en las superficies hacia el mar dispersándola. El sistema sirve tanto para crear una separación entre el buque y la nube tóxica como para descontaminar después de hacer sufrido un ataque. La ciudadela es un sistema de protección colectiva (COLPRO) adaptado al buque. Permite que todo el aire en el interior del buque se mantenga limpio y respirable aunque exista contaminación en el exterior. Para lograrlo los sistemas de ventilación se pasan a través de filtros que impiden el paso de partículas de los agentes químicos ó biológicos y se somete la zona protegida a una sobrepresión para que mantenerla estanca del exterior.

Con todas estas ventajas se ha llegado pensar que salvo ataques directos, poco probables en alta mar, el barco es una plataforma escasamente vulnerable a las emisiones de agentes NBQR. Conviene no obstante, no olvidar que el mar no es un medio aislado y que la razón de ser de los buques está precisamente en la interacción entre la mar y la tierra firme. Existen muchas situaciones en que los buques tienen su importancia en la defensa NBQR tanto como potenciales blancos como unidades útiles en la lucha contra esta amenaza. En las operaciones anfibias, por ejemplo, los buques están muy próximos a costa y muy limitados en su maniobra, lo que les hace más vulnerables, pero al mismo tiempo las unidades desembarcadas dependen en gran medida de su apoyo. El paso de estrechos, canales angostos, ó la entrada en puerto o fondeadero puede implicar asumir riesgos importantes en un escenario donde la amenaza de las armas NBQR esté presente. Por otro lado las operaciones de control del tráfico marítimo en determinadas zonas pueden implicar operar en áreas que pueden contaminarse por su proximidad a tierra.

De acuerdo con los criterios de la OTAN, las capacidades NBQR se orientan también en la mar a posibles riesgos procedentes de ataques terroristas o de emisiones accidentales. Por ejemplo monitorizar la contaminación radioactiva en la mar, motivada por el accidente de una instalación nuclear civil en la costa. Es el caso de la reciente catástrofe de Fukushyma donde por la ubicación de las instalaciones es preciso operar desde el mar tanto para vigilar la contaminación como para facilitar apoyo al personal allí desplazado en una zona de tierra devastada. Y si parece poco probable un accidente nuclear en España, aunque no hay que descartar llevar este tipo de misiones en otros países, un accidente en una planta química con liberación de nubes tóxicas resulta mucho más probable.

La amenaza del terrorismo sigue siendo la más peligrosa en esta materia, especialmente desde que el 11 de septiembre quedara demostrado que no existen límites morales para algunos seres humanos a la hora de destruir y de segar miles de vidas humanas de manera absolutamente indiscriminada. Es por tanto fácil de suponer lo que harían si dispusiesen de armas como éstas. Y pese a que el miedo en este sentido ha llevado a decisiones enormemente controvertidas que han servido también, por desgracia, para infravalorar e incluso frivolizar con esta amenaza (recordemos por ejemplo la polémica motivada al no hallar estas armas en Irak después de que ese argumento se empleó para justificar la invasión), sigue siendo una amenaza muy real. También en este sentido el mar sigue siendo un medio importantísimo, porque es donde se puede producir con más probabilidad el tráfico ilegal de estas sustancias ó ingenios, de ahí  la importancia creciente de los adiestramientos en el entorno OTAN de las operaciones de interdicción marítima, incluyendo abordaje, a buques que presuntamente transportan materiales peligrosos (Operaciones MIO en ambiente NBQR). También porque los ataques terroristas en zonas costeras pueden tener una gran repercusión en el medio marino, recordemos por ejemplo los planes de terroristas islámicos para atacar a buques de la OTAN, en el estrecho de Gibraltar en 2002, o incluso con armas químicas la base de Rota en 2005 . 

                       El actual panorama de crisis está implicando recortes importantes en Defensa. La Armada también necesita ajustarse al nuevo escenario de austeridad y forzosamente tendrá que renunciar a potenciar algunas capacidades. La defensa NBQR, considerada tradicionalmente una capacidad menor, pude ser la gran perjudicada en un momento en que los logros alcanzados no se han consolidado. Por otra parte los nuevos planes de enseñanza, acordes con la ley de carrera, también van a reducir los contenidos estrictamente militares y también aquí la defensa NBQR puede ser la gran damnificada. Esto puede suponer un paso atrás que puede costar muchos años recuperar al perderse la base desde la que levantar los cimientos. La importancia de la defensa NBQR en la mar no debe despreciarse.

 





martes, 6 de octubre de 2015

EL NAUFRAGIO DE LA FRAGATA EXTREMADURA



         El pasado verano el Comandante militar de Marina de Santander se despedía del cargo con un discurso agrio y controvertido. Según el Capitán de Navío García Olivares, cuyo discurso produjo notable malestar en varios de los asistentes, las Fuerzas Armadas eran por varios motivos objeto de agravio y desprecio por parte de las autoridades civiles. Se quejaba del trato dado por Defensa a las viudas y huérfanos de los caídos en Haití y a los últimos soldados de Bosnia, pero probablemente lo que motivaba más su desencanto, porque le tocó vivirlo más de cerca, era el fracaso del proyecto de convertir la fragata “Extremadura” en un museo flotante para la ciudad de Santander. El que en otro tiempo fuera  mi profesor de armas submarinas en la Escuela Naval de Marín confesaba públicamente que la fragata no sería amarrada para siempre al puerto de Santander por la única razón de que una determinada autoridad “no lo quería allí, donde no pintaba nada”. Desconozco como ha naufragado el proyecto de la fragata y cuales son las razones de fondo por las que el buque no ha llegado a buen puerto y me consta que Santander lo es y en gran medida. Pero si las razones no son más que ideológicas estaríamos ante un desaire mayúsculo a las Fuerzas Armadas, del que van a salir perjudicadas además de estas, toda España y en especial la ciudad de Santander que tantas muestras de afecto a la Armada ha mostrado durante toda su historia.


            La fragata “Extremadura” es la quinta y última de la clase Baleares. Estos buques fueron construidos y puestos en servicio en los años setenta. Durante más de tres décadas las fragatas tipo “Baleares” han hecho unos cuantos miles de días de mar, han surcado muchas aguas siendo sus preferidas las del Atlántico Norte donde han cruzado varias veces el círculo polar ártico, visitado los fiordos noruegos, el canal de San Jorge y las aguas del Báltico y de Islandia, capeando los más duros temporales. Durante años han participado con éxito en la operación SHARP GUARD, recorriendo el Mar Adriático con la misión de vigilar el embargo de armas en las guerras de la antigua Yugoslavia. La fragata Extremadura fue el primer barco de guerra español en atracar en la ciudad de Venecia durante aquella misión.


            Por muchas razones las fragatas tipo “Baleares” han sido pioneras. Fueron los primeros buques de guerra modernos de la Armada Española. Los primeros buques de primera línea fabricados en España. Aunque basados en el modelo de la fragata “Knox” americana, fueron diseñados y construidos por los astilleros de la entonces empresa nacional Bazán en Ferrol. Fueron los primeros barcos españoles que lanzaron misiles, los primeros en ser dotados de un sistema de Mando y Control, precedente inmediato de los modernos sistemas de combate y los primeros buques también en incorporarse a las agrupaciones navales permanentes de la OTAN. La fragata “Extremadura” vivió además en sus últimos días de vida un trágico accidente en la cámara de calderas que acabó con la vida de dos de sus hombres. Eran aquellos ya días agónicos para los buques que orgullosamente habían formado la 31 escuadrilla de escoltas, y su estado de conservación y mantenimiento no era como antaño. Sirva de homenaje a ellos estas líneas, ya que el museo no podrá servirles.

La fragata “Extremadura” es historia viva, historia de la Armada e historia de España. Sería un regalo extraordinario para una ciudad de enorme vocación militar y marinera como Santander, de donde recuerdo el enorme interés que despertaban los buques de la Armada cada vez que atracábamos. Por otro lado, para la Armada, tener un museo flotante de la categoría de la fragata “Extremadura” resultaría tremendamente beneficioso. La imagen que se podría proyectar desde el buque de nuestra historia y nuestra labor no es realizable recorriendo miles de kilómetros con los autobuses de “captación”. Si se deja pasar esta ocasión habremos perdido una oportunidad única, extraordinaria. Le hubiese augurado al museo “Extremadura” una afluencia record de público, un aliciente extra para el turismo en la ciudad de Santander y una ventana privilegiada para dar a conocer la Armada a toda España. Del mismo modo que los franceses tienen al “Colbert” atracado en la ciudad de Burdeos ó los británicos al “Belfast” formando una estampa inconfundible junto al Tower Bridge en Londres, la “Extremadura” podía estar integrada en el puerto de Santander. No se entendería que España no pueda tener el mismo aprecio y respeto por sus Fuerzas Armadas que sus países vecinos sólo porque personas que ocupan cargos públicos tomen decisiones al margen del sentir y de los intereses generales, motivadas exclusivamente por sus ideas personales, basadas además en posicionamientos ideológicos desfasados, y fruto seguramente de la ignorancia. 

Publicado en Atenea en 2010