martes, 14 de abril de 2026

EL BLOQUEO DEL MIEDO

 La primera amenaza que Irán lanzó cuando sentía la proximidad de los ataques fue cerrar el Estrecho de Ormuz. Los iraníes llevan años preparados para un ataque de EEUU. El poder militar de EEUU sumado al de Israel es muy superior al del país de los ayatolás, pero eso no significa que Irán no pueda ganar la guerra. Menos capacidad tenían los talibanes y consiguieron que la OTAN se marchara y recuperar el poder. Los objetivos militares no sirven de nada si con ellos no se logran objetivos políticos, que es la última finalidad de cualquier guerra. Irán conoce sus opciones: no puede atacar los EEUU, sus ataques sobre Israel tienen poco éxito y su capacidad industrial es muy inferior a la de sus enemigos. Sin embargo, Irán puede extender la guerra a otros Estados, otros que sí tienen mucho que perder y que al final influyen negativamente en la posición global de EEUU y en el apoyo a la guerra en su propia opinión pública. Por eso desde el primer día Irán atacó a los demás Estados del Golfo, a Bahrein, EAU, Kuwait, Arabia Saudita, Irak incluso a Omán, Turquía o Azerbaiyán.  Estos ataques crean un estado de ansiedad entre las poblaciones vecinas y afectan gravemente a su economía, pero el cierre del Estrecho de Ormuz afecta además a todo el Planeta. La mayor parte del petróleo mundial pasa por allí y cerrar el paso implica que los precios de la energía se dispararan impactando gravemente a la economía mundial. Una acción que sí puede dañar la posición de EEUU. Así que evitar el bloqueo del Estrecho debería haber sido una prioridad para los atacantes.

 El bloqueo naval es una acción militar permitida en guerra en ciertas condiciones. La legalidad de estas acciones se regula por el Manual de San Remo de 1994, un documento de derecho internacional admitido como norma consuetudinaria. Establece que el bloqueo es un método legítimo, pero exige reglas estrictas: debe ser declarado, efectivo, imparcial y no bloquear suministros humanitarios esenciales. El problema del cierre del Estrecho de Ormuaz es que no es, en puridad, un bloqueo.

El bloqueo tiene como finalidad controlar el acceso por mar de suministros a un Estado beligerante por parte de otro al que está enfrentado. Este bloqueo no puede afectar a bienes que supongan daños desproporcionados a la población civil, sino a bienes y suministros de interés militar. Pero en Ormuz hay varios obstáculos a la legalidad de la acción:

-          El primero es que el Estrecho no afecta a los Estados beligerantes sino a todos los Estados del Golfo que son neutrales en el conflicto y a todos los que importan bienes de ellos.

-          El segundo es que Ormuz es un estrecho internacional donde rige el derecho de tránsito a la navegación de cualquier Estado, de acuerdo con la Convención de Derechos del Mar de Jamaica de 1982. El problema es que Irán no es firmante del tratado y reivindica el estrecho como suyo, a pesar de que la orilla Sur es territorio soberano de Omán.

-          El tercero es que el cierre del Estrecho no es un bloqueo, no existe un control efectivo, solo una amenaza sobre los buques que lo crucen.

Me voy a centrar ahora en el tercer punto. Irán ha logrado que, pese a la destrucción casi completa de su fuerza naval, casi ningún buque mercante se atreva a cruzar el Estrecho. Irán no controla las cargas que entran o salen ni el tipo de bienes que portan (salvo petróleo o gas), pero basta lanzar algún ataque con drones sobre un buque desprotegido, para que casi ninguno se atreva a pasar. Irán no controla el acceso, simplemente disuade su tránsito mediante el miedo. El Estrecho de Ormuz es suficientemente ancho, siendo la zona central la de mayor calado y los iraníes no desean un cierre total, porque necesitan vender su petróleo a otros Estados con los que mantienen una relación favorable, así que deciden a quien atacan y a quien no. Pero por si no bastara el efecto amenaza de los drones, aseguran haber minado la parte central y que el tránsito por su costa es el único camino seguro, lo que permite que los buques que desean transitar sin sufrir ataques pasen cerca de su costa y así poder cobrarles un peaje. Por su puesto, esta acción es tan ilegal como no permitir el paso, pero a Irán el Derecho Internacional nunca le ha importado nada, y menos ahora que está en guerra.

No existe ninguna evidencia de que el Estrecho esté minado y es complicado que Irán pudiese haber desplegado minadores en la zona, supuestamente muy monitorizada por sus enemigos, aunque es cierto que para minar no es necesario emplear un buque de guerra. Además, la parte central es bastante profunda y solamente minas emergentes pueden ser eficaces allí. Las minas no discriminan buques por bandera ni armador, y cuando la guerra acaba, siguen en su sitio. Esto es un problema para todo el mundo, incluido el propio Irán.

Lo cierto es que nadie sabe si hay minas, ni siquiera EEUU porque tras varias semanas de ataques no se han preocupado de controlar el paso del Estrecho. Esto ha sido, sin duda, un enorme error estratégico incomprensible, puesto que estaba más que anunciado que esa iba a ser la estrategia de Irán.

Pero no es necesario que haya minas, ni tampoco buques de guerra en la zona, tampoco es importante que este supuesto bloqueo sea manifiestamente ilegal, porque el miedo impide que casi nadie se atreva a cruzar.  Y el miedo se ha convertido en el mejor aliado de Irán. Pasar el Estrecho y perder un barco y una carga no es un riesgo aceptable para países neutrales.