La primera amenaza que Irán lanzó cuando sentía la proximidad de los ataques fue cerrar el Estrecho de Ormuz. Los iraníes llevan años preparados para un ataque de EEUU. El poder militar de EEUU sumado al de Israel es muy superior al del país de los ayatolás, pero eso no significa que Irán no pueda ganar la guerra. Menos capacidad tenían los talibanes y consiguieron que la OTAN se marchara y recuperar el poder. Los objetivos militares no sirven de nada si con ellos no se logran objetivos políticos, que es la última finalidad de cualquier guerra. Irán conoce sus opciones: no puede atacar los EEUU, sus ataques sobre Israel tienen poco éxito y su capacidad industrial es muy inferior a la de sus enemigos. Sin embargo, Irán puede extender la guerra a otros Estados, otros que sí tienen mucho que perder y que al final influyen negativamente en la posición global de EEUU y en el apoyo a la guerra en su propia opinión pública. Por eso desde el primer día Irán atacó a los demás Estados del Golfo, a Bahrein, EAU, Kuwait, Arabia Saudita, Irak incluso a Omán, Turquía o Azerbaiyán. Estos ataques crean un estado de ansiedad entre las poblaciones vecinas y afectan gravemente a su economía, pero el cierre del Estrecho de Ormuz afecta además a todo el Planeta. La mayor parte del petróleo mundial pasa por allí y cerrar el paso implica que los precios de la energía se dispararan impactando gravemente a la economía mundial. Una acción que sí puede dañar la posición de EEUU. Así que evitar el bloqueo del Estrecho debería haber sido una prioridad para los atacantes.
El bloqueo naval es una acción militar
permitida en guerra en ciertas condiciones. La legalidad de estas acciones se
regula por el Manual de San Remo de 1994, un documento de derecho internacional
admitido como norma consuetudinaria. Establece que el bloqueo es un método legítimo,
pero exige reglas estrictas: debe ser declarado, efectivo, imparcial y no
bloquear suministros humanitarios esenciales. El problema del cierre del
Estrecho de Ormuaz es que no es, en puridad, un bloqueo.
El bloqueo tiene como finalidad
controlar el acceso por mar de suministros a un Estado beligerante por parte de
otro al que está enfrentado. Este bloqueo no puede afectar a bienes que
supongan daños desproporcionados a la población civil, sino a bienes y
suministros de interés militar. Pero en Ormuz hay varios obstáculos a la
legalidad de la acción:
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El primero es que el Estrecho no afecta a los
Estados beligerantes sino a todos los Estados del Golfo que son neutrales en el
conflicto y a todos los que importan bienes de ellos.
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El segundo es que Ormuz es un estrecho
internacional donde rige el derecho de tránsito a la navegación de cualquier
Estado, de acuerdo con la Convención de Derechos del Mar de Jamaica de 1982. El
problema es que Irán no es firmante del tratado y reivindica el estrecho como
suyo, a pesar de que la orilla Sur es territorio soberano de Omán.
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El tercero es que el cierre del Estrecho no es
un bloqueo, no existe un control efectivo, solo una amenaza sobre los buques
que lo crucen.
Me voy a centrar ahora en el
tercer punto. Irán ha logrado que, pese a la destrucción casi completa de su
fuerza naval, casi ningún buque mercante se atreva a cruzar el Estrecho. Irán
no controla las cargas que entran o salen ni el tipo de bienes que portan
(salvo petróleo o gas), pero basta lanzar algún ataque con drones sobre un
buque desprotegido, para que casi ninguno se atreva a pasar. Irán no controla
el acceso, simplemente disuade su tránsito mediante el miedo. El Estrecho de
Ormuz es suficientemente ancho, siendo la zona central la de mayor calado y los
iraníes no desean un cierre total, porque necesitan vender su petróleo a otros
Estados con los que mantienen una relación favorable, así que deciden a quien
atacan y a quien no. Pero por si no bastara el efecto amenaza de los drones,
aseguran haber minado la parte central y que el tránsito por su costa es el
único camino seguro, lo que permite que los buques que desean transitar sin
sufrir ataques pasen cerca de su costa y así poder cobrarles un peaje. Por su
puesto, esta acción es tan ilegal como no permitir el paso, pero a Irán el
Derecho Internacional nunca le ha importado nada, y menos ahora que está en
guerra.
No existe ninguna evidencia de
que el Estrecho esté minado y es complicado que Irán pudiese haber desplegado
minadores en la zona, supuestamente muy monitorizada por sus enemigos, aunque
es cierto que para minar no es necesario emplear un buque de guerra. Además, la
parte central es bastante profunda y solamente minas emergentes pueden ser
eficaces allí. Las minas no discriminan buques por bandera ni armador, y cuando
la guerra acaba, siguen en su sitio. Esto es un problema para todo el mundo,
incluido el propio Irán.
Lo cierto es que nadie sabe si
hay minas, ni siquiera EEUU porque tras varias semanas de ataques no se han
preocupado de controlar el paso del Estrecho. Esto ha sido, sin duda, un enorme
error estratégico incomprensible, puesto que estaba más que anunciado que esa
iba a ser la estrategia de Irán.
Pero no es necesario que haya
minas, ni tampoco buques de guerra en la zona, tampoco es importante que este
supuesto bloqueo sea manifiestamente ilegal, porque el miedo impide que casi
nadie se atreva a cruzar. Y el miedo se
ha convertido en el mejor aliado de Irán. Pasar el Estrecho y perder un barco y
una carga no es un riesgo aceptable para países neutrales.
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